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viernes, 22 de marzo de 2013

FLORENCE JENKINS: LA CANTANTE SOPRANO QUE NO SABIA CANTAR....

A pesar de su total falta de talento, Florence se introdujo en el mundo de la música gracias a que financiaba el Club de Verdi, una institución dedicada a promover las carreras de artistas americanos y músicos, ya que la fortuna que poseía por herencia era muy cuantiosa.
Después de tomar clases de canto, que no le sirvieron para nada, hizo su debut en Manhattan en abril de 1912, poco después del desastre del Titanic...
Comenzó su número de apertura con el aria "Reina de la Noche" de "La Flauta Mágica" de Mozart. Pronto el público se perdió en medio de una ráfaga de sonidos similares a los que producen un grupo de gatos callejeros. No debemos olvidar que ella siempre se consideró una gran soprano.
Después de destruir "Die Mainacht" de Brahms, Florence anunció un breve descanso, aunque pronto volvió a la escena vestida de Carmen, con un chal de encaje sobre los hombros, castañuelas y una cesta de rosas rojas. El público quedó absorto al oírla cantar “Clavelitos", mientras acompañaba la canción al ritmo de sus castañuelas y lanzaba rosas al público. Sus fans sabían que “Clavelitos” era su canción favorita, por lo que era costumbre que pidieran un bis. Por supuesto, los complacía y repetía la actuación, ante un aplauso ensordecedor...
Lo que le faltaba de talento a Florence, lo suplía con la cantidad de actos benéficos que organizaba a favor de los desfavorecidos y a que era un persona modesta, aunque en el terreno musical siempre se consideró una diva. Era muy extricta en cuanto a la venta de entradas para sus actuaciones. Sus ayudantes “interrogaban” a los candidatos asistentes para conocer si realmente eran amantes de la buena música. A los que superaban la prueba con éxito, se les permitia comprar un billete de que costaba 2,5$, muchos de las cuales se vendieron hasta por 10 veces esa cifra...
El punto culminante de sus temporadas era el musical que daba en concierto privado todos los años en el Ritz-Carlton. Sólo podían asistir por invitación un selecto grupo de 800 personas. Cada año, las multitudes se agolpaban en la entrada y la policía se veía obligada a intervenir...
En 1943, el taxi en que viajaba tuvo un accidente. Lo que pudo haber sido una tragedia se convirtió en una bendición. Cuando se recuperó descubrió que podía cantar un tono más alto que antes. Así que en lugar de denunciar el taxista, le regaló una caja de habanos en muestra de gratitud. Pero seguía siendo una pésima cantante... En 1944, a la edad de 76 años, cedió a la petición popular y decidió celebrar un recital público. Las entradas se agotaron con varias semanas de antelación y más de dos mil personas fueron a verla. Al entrar en la escena con su tiara y las alas de plumas, un tanto desgastadas después de décadas de uso, comenzó “aullando” algo de la Ópera “Lakme” y sus gemidos fueron ensordecidos por la risa de la audiencia, aunque la interpretación de "Clavelitos" fue seguida a coro por decenas de"valientes"...
Esta fue su última actuación y su triunfo más grande. Florence Foster Jenkins sufrió un ataque cardíaco una semana después y murió en su habitación de hotel el 26 de noviembre. No dejó familia inmediata, de modo que el Club Verdi fue el beneficiario de su herencia “y sus alas”...
La verdad es que Florence se convirtió en un personaje muy popular. El público que iba a ver sus espectáculos nunca salia decepcionado ya que la diversión estaba garantizada. Podría haber optado a ser una millonaria excéntrica e inútil al estilo Paris Hilton, pero optó por la filantropía, por hacer el bien sin importar a quién, y a hacer lo que amaba y en lo que creía. Al final de nuestra vida quizás sea lo que importa...
Escuchen y juzguen ustedes mismos:


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