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domingo, 17 de febrero de 2013

CUENTOS: LAS TRES HILANDERAS

Había una vez una joven muy perezosa que no le gustaba hilar, y aunque su madre le insistía, no había manera de que se pusiera a hilar. Un día su madre se impacientó y se molestó tanto, que la regañó con dureza, y ella se puso a llorar sonoramente.
En ese momento pasaba por ahí la reina, y cuando oyó los lamentos paró su carruaje, fue a la casa y preguntó a la madre que por qué estaba castigando a su hija que lloraba tan fuerte que desde lejos se oían sus gritos.
Entonces la madre, sintiendo vergüenza de lo inútil que era su hija le dijo:
-"Es que no puedo hacer que pare de hilar. Ella insiste en hilar e hilar, y como somos pobres, no puedo darle todo el material que me pide."-
Entonces contestó la reina:
-"Para mí no hay sonido tan gratificante como cuando están hilando, y nunca me siento tan feliz como cuando están las ruedas girando. Permítame llevar a su hija a mi palacio, allí yo tengo suficiente lino y podrá hilar todo lo que ella quiera."
La madre se alegró muchísimo con la propuesta, y la reina se llevó a la joven.
Cuando llegaron al palacio, la reina llevó a la muchacha a tres recámaras que estaban repletas del más fino lino, de pared a pared.
-"Ahora hílame este lino"- dijo la reina, -"y cuando hayas terminado, te ofrezco a mi hijo mayor como esposo, no importa que seas de familia pobre. Eso no me molesta, tu infatigable industriosidad es de un valor suficiente."
La muchacha, secretamente, se sentía aterrorizada, porque veía que no podría hilar el lino, ni aunque viviera trescientos años sentada todo el día de la mañana a la noche. Entonces, cuando ya estuvo sola, comenzó a llorar, y por tres días se sentaba sin mover siquiera un dedo. Al tercer día volvió la reina, y cuando vio que nada se había hilado aún, se sorprendió. Pero la joven se excusó diciendo que no se había sentido en condiciones de comenzar debido a su tristeza de haber dejado la casa materna. La reina quedó satisfecha con eso, pero le dijo al salir:
-"Mañana ya debes empezar a trabajar."-
Cuando la joven quedó sola de nuevo, no sabía que hacer, y en su congoja se acercó a la ventana. Vio que tres mujeres venían hacia ella, la primera tenía un anchísimo pie aplanado; la segunda tenía el labio inferior tan agigantado que le colgaba sobre la barbilla; y la tercera tenía un dedo pulgar enorme. Ellas se pararon bajo la ventana, miraron hacia arriba, y le preguntaron que era lo que la estaba inoportunando. La muchacha les explicó su problema, y entonces ellas le ofrecieron ayudarla y le dijeron:
-"Si nos invitas a tu boda, y no te avergüenzas de nosotras, y nos llamas "tías", y además nos sientas a la mesa principal, nosotras hilaremos el lino por ti, y en un tiempo bien corto."-
-"Con todo mi corazón"- replicó ella, -"pero entren y comiencen el trabajo de una vez."-
Y dejó entrar a las tres desconocidas mujeres, y les aclaró un espacio en la primera habitación, donde ellas se sentaron y comenzaron a hilar. La primera jalaba el hilo y pedaleaba la rueda, la segunda humedecía el hilo, y la tercera lo trenzaba, y golpeaba la mesa con su pulgar, y en el tanto que la golpeaba, una madeja de hilo caía al suelo, quedando la hilada del modo más fino posible.
La muchacha encubrió a las tres hilanderas de la vista de la reina, y cuando ella llegaba, le mostraba la gran cantidad de lino hilado, y a la reina no le quedaban palabras con que elogiarla.

Cuando ya se vació la primera habitación, pasaron a la segunda y por último a la tercera, la que fue aclarada rápidamente. Entonces las tres mujeres se marcharon, no sin antes decir:
-"No olvides lo que nos prometiste. Eso te llenará de fortuna."-
Cuando la joven le mostró a la reina las habitaciones vacías, y la gran cantidad de hilado, la reina dio las órdenes para la boda, y el novio se regocijó de que tendría una inteligente e industriosa esposa, y la elogió grandemente.
-"Yo tengo tres tías"- dijo ella, -"y han sido muy buenas conmigo, y no me gustaría olvidarlas en mi buena fortuna. Permíteme invitarlas a la boda, y que compartan con nosotros a la mesa principal."-
La reina y el novio dijeron:
-"¿Cómo no las invitaríamos?"- 
Así, cuando la fiesta empezó, las tres mujeres entraron vestidas extrañamente, y la novia dijo:
-"Bienvenidas, queridas tías."-
-"¡Huy!"- dijo el novio, -"¡Qué tías más raras tienes!"- 
Se levantó él entonces y fue donde la que tenía el pie ancho y aplanado y le preguntó:
-"¿Cómo llegó a deformarse así su pie?"- 
-"Pedaleando"- contestó, -"pedaleando."- 
Entonces el novio fue donde la siguiente y le preguntó:
-"¿Cómo se le formó ese labio tan caído?"- 
-"Humedeciendo."- respondió.
Por último preguntó a la tercera:
-"¿Cómo se le hizo tan gordo ese pulgar?"- 
-"Trenzando el hilo"- le contestó, -"trenzando el hilo."- 
Con todo eso, el hijo del rey se alarmó tanto que dijo:
-"Ni ahora ni nunca, volverá mi querida novia a tocar una hiladora."-
Y así ella se libró para siempre del odiado trabajo de hilar.

Cumplir lo prometido, trae un tesoro escondido.

Y COLORIN COLORADO,ESTE CUENTO SE HA ACABADO.

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