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domingo, 24 de marzo de 2013

MARIANA PINEDA

Heroína de la causa liberal española, nacida en Granada el 1 de septiembre de 1804 y condenada a muerte, por no delatar a sus colaboradores, el 26 de mayo de 1831. Su nombre completo fue el de Mariana Rafaela Gila Judas Tadea Francisca de Paula Benita Bernarda Cecilia de Pineda Muñoz. Fue hija de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío español nacido en 1754 en territorio de la actual Guatemala, y de María de los Dolores Muñoz Bueno, hija de unos labradores de Lucena (Córdoba).
Debido a la diferencia social entre sus padres, Mariano era de noble cuna y María Dolores de origen humilde, estos tuvieron que mantener su romance en secreto y nunca llegaron a casarse. La pareja se estableció en Sevilla, donde nació su primera hija, Luisa Rafaela; posteriormente, en 1803, se trasladaron a Granada. En esta ciudad nació Mariana al año siguiente y falleció Luisa Rafaela. Poco después sus padres se separaron, María Dolores Muñoz, su madre, se fugó con otro hombre llevándose con ella el dinero de la familia; mientras que su padre, Mariano de Pineda se encontraba gravemente enfermo. A la muerte de su padre Mariana quedó bajo la custodia de su tío José, anciano y enfermo, que incapaz de hacerse cargo de la niña, la entregó al cuidado de José de Mesa y doña Úrsula de la Presa, los cuales se convirtieron así en sus padres de adopción.
Mariana Pineda recibió una buena educación y se convirtió en una joven de extraordinaria belleza. A los 14 años de edad, en 1818, conoció a un militar retirado, de delicada salud, llamado Manuel de Peralta y Valle, del cual se enamoró. El 9 de octubre de 1819 ambos contrajeron matrimonio con gran urgencia, ya que el 31 de marzo siguiente Mariana tuvo su primer hijo. En 1822 Manuel de Peralta falleció, quedando Mariana viuda y con un hijo, a la temprana edad de 18 años. Se ha supuesto que los ideales liberales de Mariana fueron fruto de esta relación con Manuel de Peralta.
Entre 1820, fecha del pronunciamiento de Riego, y 1823 en España tuvo lugar el denominado Trienio Liberal, caracterizado por el retorno al régimen liberal y la proclamación nuevamente de la Constitución de Cádiz, muy a pesar de las ideas absolutistas de Fernando VII. Pero a partir de 1823, la intervención de los Cien mil hijos de San Luis, puso fin al gobierno liberal e implantó de nuevo los planteamientos absolutistas, dando así comienzo a lo que historiográficamente se conoce como la Década Ominosa.
El nuevo auge del absolutismo provocó que los que anteriormente se habían visto desplazados por las ideas liberales se lanzasen entonces a reprimir y perseguir a todos los partidarios del liberalismo, mientras que estos conspiraban para recuperar el poder. Entre los liberales de Granada destacaba la figura de la bella Mariana de Pineda, que en estos momentos fue cortejada por el joven marqués de Salamanca, aunque parece que Mariana nunca le correspondió debido a que estaba enamorada del militar liberal Casimiro Brodett. Pese a sus deseos, Mariana de Pineda y Casimiro de Brodett, que falleció 11 años más tarde en el campo de batalla, nunca pudieron llegar a contraer matrimonio, ignorándose los motivos que lo impidieron. Debido al destacado papel que Mariana tuvo durante el Trienio Liberal, cuando se destacó como una convencida del ideario liberal, fue sometida a una escrupulosa vigilancia por las autoridades.
En 1827 Mariana regresó a Granada y continuó sus relaciones con los conspiradores liberales, lo cual le costó un primer proceso tras la delación de Romero de Tejada desde su prisión en Málaga. Se desconocen los motivos, pero Mariana logró salir indemne de la acusación. Al año siguiente el comandante Fernando Álvarez de Sotomayor, sobrino del cura liberal García de la Serrana y primo de Manuel de Peralta, fue condenado a muerte por su participación en el fallido levantamiento andaluz contra el gobierno de Fernando VII. Mariana introdujo en la cárcel un hábito de fraile con el cual el familiar de su marido, Fernando Álvarez, pudo escapar disfrazado. Tanto los liberales como los absolutistas tuvieron claro que la responsable de la fuga era Mariana, pero no se pudo demostrar su participación.
Poco más tarde, o quizá en esas mismas fechas, Mariana mantuvo un romance con Manuel Peña y Aguayo, el cual llegaría a ser ministro de Hacienda de Isabel II, con el cual tuvo una hija. Tras el fracaso de esta relación, Mariana vivió con su madre adoptiva, doña Úrsula, viuda entonces de Mesa, y se dedicó, sin descuidar su acción conspiratoria, a tratar de recuperar sus derechos sobre la herencia de su padre y de su tutor don José.
Tras fracasar las tentativas de restaurar el sistema constitucional de Espoz y Mina y de Torrijos, este último fusilado junto a 52 compañeros en 1831. Las autoridades pensaron que en Andalucía se preparaba una gran insurrección liberal, fraguada en Gibraltar, y de la cual Mariana Pineda formaría parte. Mariana Pineda tenía el encargo de confeccionar el estandarte de la revuelta, con el lema Libertad, Igualdad y Ley. Adquirió con este fin, un tafetán morado en cuyo centro cosió un triángulo verde, colores estos del Oriente masónico y no de la bandera nacional que luego quiso la leyenda. Debido a que no sabía bordar encargó la confección de las letras a dos de sus criadas, lo que acabó por ser el motivo de su ruina, ya que un clérigo que mantenía relaciones con una de las criadas vio la bandera y alertó a su padre, realista radical, de que la revolución estaba cerca, el padre denunció la conspiración a las autoridades. La policía entró en la casa de Mariana, donde encontró la bandera, por lo que ésta y doña Úrsula fueron detenidas y encarceladas, acusadas de insurrectas.
Mariana trató de fugarse de su prisión pero fue descubierta, entonces, por intercesión de uno de los miembros de la Audiencia de Granada, Ramón de Pedrosa y Andrade (comisionado especial para las causas de conspiración contra la seguridad del Estado), que se supone estaba enamorado de ella, Mariana fue enviada al beaterio de Santa María Egipcíaca, convento que había sido habilitado como cárcel de mujeres; allí recibió un respetuoso trato por las monjas que lo regentaban, no así por las autoridades que iban frecuentemente a interrogarla con la idea de que delatase al resto de los conspirados, extremo este al que Mariana no accedió. Ante esta negativa de Mariana, el fiscal Andrés Oller, convencido liberal, bajo amenazas tuvo que solicitar la pena de muerte para Mariana. Fernando VII, que firmó la condena de muerte, indicó que la pena debía cumplirse por medio del garrote. La condena se apoyo en el artículo 7 del decreto del 1 de octubre de 1830: "Toda maquinación en el interior del reino para actos de rebeldía contra mi autoridad soberana o suscitar conmociones populares que lleguen a manifestarse por actos preparatorios de su ejecución, será castigada en los autores y cómplices con la pena de muerte."
Pese a la condena y a la promesa de que sería indultada si delataba a sus cómplices, Mariana se negó a dar los nombres, por lo que fue fijada su ejecución para el 26 de mayo de 1831. Nunca se presentaron pruebas concretas contra Mariana, ya que la bandera no implicaba ninguna relación directa con conspiración alguna, máxime cuando los conspiradores, por la no delación de Mariana, no fueron descubiertos. Algunos investigadores mantiene que dicha conspiración nunca tuvo lugar y todo no fue más que una cruel venganza de las autoridades de la Audiencia de Granada, que aún conservaban la humillación por la participación de Mariana en la fuga de Fernando Álvarez de Sotomayor.
En sus últimos días Mariana envió varias cartas a sus hijos en los que explicaba que moría dignamente por la Libertad y la Patria; también redactó su testamento. Mariana fue ejecutada a los 26 años de edad, en el Campo del Triunfo de Granada, mientras ante sus ojos se quemaba la bandera causa de sus desdichas. Según cuentan las crónicas, el pueblo de Granada quedó sorprendido ante la belleza y serenidad de la reo. Mariana de Pineda gozó de gran fama tras su muerte, su leyenda se difundió por toda Granada y su figura sirvió de inspiración y baluarte para los movimientos liberales posteriores. Casi un siglo después, en 1925, el insigne autor granadino Federico García Lorca escribió la obra Mariana Pineda, en la que narró esta historia. En el Congreso de los Diputados de Madrid el nombre de Mariana Pineda se encuentra junto al de los demás héroes del liberalismo español.

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