Había una vez una adorable niña que era querida por todo aquél que la conociera, pero sobre todo por su abuelita, y no quedaba nada que no le hubiera dado a la niña. Una vez le regaló una pequeña caperuza o gorrito de un color rojo, que le quedaba tan bien que ella nunca quería usar otra cosa, así que la empezaron a llamar Caperucita Roja.
Un día su madre le dijo:
-"Ven, Caperucita Roja, aquí tengo un pastel y una botella de vino, llévaselas en esta canasta a tu abuelita que esta enfermita y débil y esto le ayudará. Vete ahora temprano, antes de que caliente el día, y en el camino, camina tranquila y con cuidado, no te apartes de la ruta, no vayas a caerte y se quiebre la botella y no quede nada para tu abuelita. Y cuando entres a su dormitorio no olvides decirle, "Buenos días," ah, y no andes curioseando por todo el aposento."
-"No te preocupes, haré bien todo," dijo Caperucita Roja
y tomó las cosas y se despidió cariñosamente. La abuelita vivía en el bosque, como a un kilómetro de su casa. Y no más había entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del sendero, cuando se encontró con un lobo.
Caperucita Roja no sabía que esa criatura pudiera hacer algún daño, y no tuvo ningún temor hacia él.
-"Buenos días, Caperucita Roja," dijo el lobo.
-"Buenos días, amable lobo."
- "¿Adonde vas tan temprano, Caperucita Roja?"
- "A casa de mi abuelita."
- "¿Y qué llevas en esa canasta?"
- "Pastel y vino. Ayer fue día de hornear, así que mi pobre abuelita enferma va a tener algo bueno para fortalecerse."
- "¿Y adonde vive tu abuelita, Caperucita Roja?"
-"Como a medio kilómetro más adentro en el bosque. Su casa está bajo tres grandes robles, al lado de unos avellanos. Seguramente ya los habrás visto," contestó inocentemente Caperucita Roja.
El lobo se dijo en silencio a sí mismo: "¡Qué criatura tan tierna! qué buen bocadito - y será más sabroso que esa viejita. Así que debo actuar con delicadeza para obtener a ambas fácilmente." Entonces acompañó a Caperucita Roja un pequeño tramo del camino y luego le dijo:
-"Mira Caperucita Roja, que lindas flores se ven por allá, ¿por qué no vas y recoges algunas? Y yo creo también que no te has dado cuenta de lo dulce que cantan los pajaritos. Es que vas tan apurada en el camino como si fueras para la escuela, mientras que todo el bosque está lleno de maravillas."
Caperucita Roja levantó sus ojos, y cuando vio los rayos del sol danzando aquí y allá entre los árboles, y vio las bellas flores y el canto de los pájaros, pensó:
"Supongo que podría llevarle unas de estas flores frescas a mi abuelita y que le encantarán. Además, aún es muy temprano y no habrá problema si me atraso un poquito, siempre llegaré a buena hora."
Y así, ella se salió del camino y se fue a cortar flores. Y cuando cortaba una, veía otra más bonita, y otra y otra, y sin darse cuenta se fue adentrando en el bosque. Mientras tanto el lobo aprovechó el tiempo y corrió directo a la casa de la abuelita y tocó a la puerta.
-"¿Quién es?" preguntó la abuelita.
-"Caperucita Roja," contestó el lobo. "Traigo pastel y vino. Ábreme, por favor."
- "Mueve la cerradura y abre tú," gritó la abuelita, "estoy muy débil y no me puedo levantar."
El lobo movió la cerradura, abrió la puerta, y sin decir una palabra más, se fue directo a la cama de la abuelita y de un bocado se la tragó. Y enseguida se puso ropa de ella, se colocó un gorro, se metió en la cama y cerró las cortinas.
Mientras tanto, Caperucita Roja se había quedado colectando flores, y cuando vio que tenía tantas que ya no podía llevar más, se acordó de su abuelita y se puso en camino hacia ella. Cuando llegó, se sorprendió al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sintió tan extraño presentimiento que se dijo para sí misma:
-"¡Oh Dios! que incómoda me siento hoy, y otras veces que me ha gustado tanto estar con abuelita."
Entonces gritó:
-"¡Buenos días!,"
pero no hubo respuesta, así que fue al dormitorio y abrió las cortinas. Allí parecía estar la abuelita con su gorro cubriéndole toda la cara, y con una apariencia muy extraña.
-"¡!Oh, abuelita!" dijo, "qué orejas tan grandes que tienes."
- "Es para oírte mejor, mi niña," fue la respuesta.
-"Pero abuelita, qué ojos tan grandes que tienes."
- "Son para verte mejor, querida."
- "Pero abuelita, qué brazos tan grandes que tienes."
- "Para abrazarte mejor."
- "Y qué boca tan grande que tienes."
- "Para comerte mejor."
Y no había terminado de decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a Caperucita Roja.
Entonces el lobo decidió hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a roncar fuertemente. Un cazador que por casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó,
-¡Cómo ronca esa viejita! Voy a ver si necesita alguna ayuda.Entonces ingresó al dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí.
-"¡Así que te encuentro aquí, viejo pecador!" dijo él."¡Hacía tiempo que te buscaba!"
Y ya se disponía a disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En su lugar tomó unas tijeras y empezó a cortar el vientre del lobo durmiente. En cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja, entonces hizo dos cortes más y la pequeña Caperucita Roja salió rapidísimo, gritando:
-"¡Qué asustada que estuve, qué oscuro que está ahí dentro del lobo!,"
y enseguida salió también la abuelita, vivita, pero que casi no podía respirar.
Rápidamente, Caperucita Roja trajo muchas piedras con las que llenaron el vientre del lobo. Y cuando el lobo despertó, quizo correr e irse lejos, pero las piedras estaban tan pesadas que no soportó el esfuerzo y cayó muerto.
Las tres personas se sintieron felices. El cazador le quitó la piel al lobo y se la llevó a su casa. La abuelita comió el pastel y bebió el vino que le trajo Caperucita Roja y se reanimó. Pero Caperucita Roja solamente pensó:
"Mientras viva, nunca me retiraré del sendero para internarme en el bosque, cosa que mi madre me había ya prohibido hacer."
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martes, 7 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
LA CORBATA
La corbata sigue siendo uno de los signos de elegancia por excelencia, aunque muchos diseñadores y las propias corrientes de la moda la quieran quitar protagonismo.
¿Qué sería de un elegante traje sin una preciosa corbata?
La corbata sigue siendo un elemento imprescindible en el ropero de cualquier caballero que tenga una vida social mínima, o que tenga un trabajo en cuyo entorno aún se viste de traje y corbata.
La historia de la corbata se remonta a unos cuantos cientos de años. El origen más claro se data en 1.660, en la contienda entre el regimiento Croata y los Turcos. Este regimiento (parte del imperio Austro-Húngaro), en una de sus visitas a París en el que se presentaban como héroes ante su Majestad Luis XIV (conocido por su gusto por el buen vestir y los pañuelos), los oficiales llevaban al cuello unos pañuelos de colores.
Estos pañuelos de colores parece que provienen de los oradores Romanos. Se ponían en el cuello para calentar y cuidar sus cuerdas vocales. Tanto le gustaron a Luis XIV que diseñó para el regimiento real un pañuelo con la insignia Real, y al que denominó Cravette, proveniente del vocablo Crabete, que significa Croata. Al regimiento se le conoció como el Royal Cravette.
Pronto la idea se extendió y cruzó el canal haciéndose un hueco en Inglaterra. Al principio no era muy corriente ver a la gente con un trozo de tela al cuello, pero la idea iba cuajando poco a poco.
En un principio se vestían todo tipo de tejidos y estampados. Y no existían patrones determinados para tal prenda, que se podían ver, incluso, con borlas y cordones y de múltiples tamaños. Las primeras corbatas eran todas de importación.
A principios del siglo XX Europa comienza a fabricarlas. Aunque muchos historiadores predecían la desaparición de la corbata (no tenía sentido llevar un "trozo" de tela al cuello), la corbata perdura hasta nuestros días. La corbata pasó a ser un signo distintivo entre las clases más acomodadas.
Y es del todo cierto. Un buen traje, aunque se note su calidad, no luce tanto sin corbata, como vistiendo una elegante corbata de seda con un nudo Windsor, por ejemplo. A pesar de los detractores, la corbata y la camisa comienzan su evolución de forma conjunta para lograr su mejor armonía. Las corbatas originales, se hacen más largas y más anchas pues en un principio eran más parecidas a los pañuelos (cortos y anchos).
En la actualidad las corbatas están muy estandarizadas, aunque aun se pueden encontrar en varios países del mundo variantes regionales de esta prenda, en la que podemos encontrar lazos de cuero, corbatines, etc. Las medidas habituales de una corbata actual varían entre los 130 a 150 cms, aproximadamente.
Existen fabricantes que hacen "tallas" en sus corbatas para que las personas, bien sean pequeñas o grandes, utilicen la corbata adecuada a su tamaño, y no tengan problemas con el largo de su corbata.
Una de las características actuales de la mayoría de las corbatas, es que sus extremos son distintos. Uno es ancho, el que se deja ver por su parte delantera, y el otro, es más estrecho y es el que queda escondido detrás de la corbata (por norma general trabado en la etiqueta o en una pequeña trabilla posterior).
También en su momento y, aún las sigue habiendo en la actualidad, hay corbatas con ambos extremos iguales; generalmente son corbatas de punto y otros materiales, no utilizadas como corbatas de vestir.
Estas corbatas con extremos iguales suelen ser cuadradas, mientras que, las de extremos distintos, suelen acabar en pico. Los tejidos muy variables según las modas, suelen admitir una amplia variedad de los mismos, pero las reinas son: las corbatas de seda.
Según el sociólogo Acer Diecs, "la corbata puede reflejar de forma bastante precisa la personalidad de un hombre". En función de los colores utilizados, estampados, e incluso el nudo, nos puede dar una "pista" sobre aspectos básicos de su personalidad.
La persona puede reflejar en este complemento su estado de ánimo, su carácter ... puede revelar mucho más de lo que nos podemos imaginar.
La corbata sigue siendo un elemento imprescindible en el ropero de cualquier caballero que tenga una vida social mínima, o que tenga un trabajo en cuyo entorno aún se viste de traje y corbata.
La historia de la corbata se remonta a unos cuantos cientos de años. El origen más claro se data en 1.660, en la contienda entre el regimiento Croata y los Turcos. Este regimiento (parte del imperio Austro-Húngaro), en una de sus visitas a París en el que se presentaban como héroes ante su Majestad Luis XIV (conocido por su gusto por el buen vestir y los pañuelos), los oficiales llevaban al cuello unos pañuelos de colores.
Estos pañuelos de colores parece que provienen de los oradores Romanos. Se ponían en el cuello para calentar y cuidar sus cuerdas vocales. Tanto le gustaron a Luis XIV que diseñó para el regimiento real un pañuelo con la insignia Real, y al que denominó Cravette, proveniente del vocablo Crabete, que significa Croata. Al regimiento se le conoció como el Royal Cravette.
Pronto la idea se extendió y cruzó el canal haciéndose un hueco en Inglaterra. Al principio no era muy corriente ver a la gente con un trozo de tela al cuello, pero la idea iba cuajando poco a poco.
En un principio se vestían todo tipo de tejidos y estampados. Y no existían patrones determinados para tal prenda, que se podían ver, incluso, con borlas y cordones y de múltiples tamaños. Las primeras corbatas eran todas de importación.
A principios del siglo XX Europa comienza a fabricarlas. Aunque muchos historiadores predecían la desaparición de la corbata (no tenía sentido llevar un "trozo" de tela al cuello), la corbata perdura hasta nuestros días. La corbata pasó a ser un signo distintivo entre las clases más acomodadas.
Y es del todo cierto. Un buen traje, aunque se note su calidad, no luce tanto sin corbata, como vistiendo una elegante corbata de seda con un nudo Windsor, por ejemplo. A pesar de los detractores, la corbata y la camisa comienzan su evolución de forma conjunta para lograr su mejor armonía. Las corbatas originales, se hacen más largas y más anchas pues en un principio eran más parecidas a los pañuelos (cortos y anchos).
En la actualidad las corbatas están muy estandarizadas, aunque aun se pueden encontrar en varios países del mundo variantes regionales de esta prenda, en la que podemos encontrar lazos de cuero, corbatines, etc. Las medidas habituales de una corbata actual varían entre los 130 a 150 cms, aproximadamente.
Existen fabricantes que hacen "tallas" en sus corbatas para que las personas, bien sean pequeñas o grandes, utilicen la corbata adecuada a su tamaño, y no tengan problemas con el largo de su corbata.
Una de las características actuales de la mayoría de las corbatas, es que sus extremos son distintos. Uno es ancho, el que se deja ver por su parte delantera, y el otro, es más estrecho y es el que queda escondido detrás de la corbata (por norma general trabado en la etiqueta o en una pequeña trabilla posterior).
También en su momento y, aún las sigue habiendo en la actualidad, hay corbatas con ambos extremos iguales; generalmente son corbatas de punto y otros materiales, no utilizadas como corbatas de vestir.
Estas corbatas con extremos iguales suelen ser cuadradas, mientras que, las de extremos distintos, suelen acabar en pico. Los tejidos muy variables según las modas, suelen admitir una amplia variedad de los mismos, pero las reinas son: las corbatas de seda.
Según el sociólogo Acer Diecs, "la corbata puede reflejar de forma bastante precisa la personalidad de un hombre". En función de los colores utilizados, estampados, e incluso el nudo, nos puede dar una "pista" sobre aspectos básicos de su personalidad.
La persona puede reflejar en este complemento su estado de ánimo, su carácter ... puede revelar mucho más de lo que nos podemos imaginar.
LAGOS DE PLITVICE,CROACIA.BELLEZA PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.
Cuando nos hablan de Croacia, casi siempre por ignorancia o desconocimiento lo asimilamos con un pais ribereño del mediterraneo de de aguas marinas azul turquesa, con antiguas ciudades como Dubrovnik o Split, con algún equipo de baloncesto o tenista de elite, pero una de las joyas ocultas y menos conocidas se encuentran en el corazón de país, en su interior, a unos 140 km de la capital Zagreb y a unos 180 de Rijeka, muy cerca de la frontera natural con Bosnia Herzegovina, se ubica el Parque Nacional de Plitvicka Jezera, el cual ha sido declarado justamente como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.
Se llega a través de sinuosas carreteras de media montaña, atravesando una sucesión de valles encajonados entre profundos bosques; llegando a una de las dos entradas que dan acceso al interior del parque, comenzando aqui un recorrido de varias horas, señalizado sobre sendas y pasarelas de madera, que nos ira descubriendo una sucesión de dieciséis lagos que descienden de manera escalonada hasta unos 130 metros de desnivel, por unas paredes de rocas que durante años sirvieron de protección en una de las zonas mas belicosas de la historia.
Los lagos son alimentados por numerosos manantiales, arroyos y torrentes, que están unidos por una serie de cascadas espectaculares, conformando un lugar unico, de gran vistosidad.
Por el proceso de la acción del agua, la configuración del terreno va cambiando, adoptando nuevas formas, convirtiéndose en su conjunto en un proceso de sedimentación y formación geológica dinámico y vivo, que por su constitución de roca dolomítica, se ha mantenido estable desde hace miles de años.
Debido a esto, una de las cosas que mas deslumbran de este lugar, es la coloración del agua, con unos tonos azules y verdes bellísimos, y matices turquesa de una luminosidad imposible. Lo curioso es descubrir como en el fondo se petrifica todo lo que esta sumergido, sean piedras, plantas, troncos de arbolés, muertos.Este conjunto natural ademas esta rodeado por densos bosques de pinos, hayas, arces, ojaranzos, etc. Es un refugio para animales como lobos y osos, extiguidos en la mayor parte de Europa. Tratandose de un parque nacional (el mejor del pais), con todas las preservaciones medioambientales posibles que permite la legislación Croata, estando prohibido cazar, pescar o bañarse, lo que hasta la fecha a conseguido un equilibrio entre la preservación de este fragil y unico espacio europeo, convirtiendolo en una joya de este continente.
El parque tiene una superficie cercana a las 30.000 hectáreas, 22.000 de ellas cubiertas de bosques. La zona que se puede visitar se encuentra en el centro del parque, son 8 km² de valle poblado de bosques, donde la hidrografía ha conformado un paisaje formado por 16 lagos de diferente altitud comunicados por 92 cataratas y cascadas. La vegetación se compone en un 90% de hayas.
La visita se realiza a pie a través de senderos y puentes de madera, los lagos más grandes son recorridos por silenciosas barcas. Este parque suscita también gran interés entre los turistas por los acontecimientos que tienen lugar allí, como por ejemplo, las bodas al pie de las cataratas. Este lugar es candidato a ser una de las siete maravillas naturales del mundo.
El parque nacional de los lagos de Plitvice es muy boscoso, principalmente de hayas, abetos y pinos, y cuenta con una mezcla de los Alpes y vegetación mediterránea. Cuenta con una gran variedad en particular de las comunidades vegetales, debido a su gama de microclimas, suelos diferentes y distintos niveles de altitud. El área es también hogar de una enorme variedad de especies animales y aves. La fauna rara, como el oso pardo europeo, el lobo, el águila, el búho, el lince, gato montés, y el urogallo se encuentran aquí, junto con muchas especies más comunes. Al menos 126 especies de aves han sido registradas allí, de los cuales 70 se han registrado como cría propia en el parque.
EL HOMBRE MAS BAJITO DEL MUNDO
Junrey Balawing, habitante de Zamboanga, en Filipinas, cumplió 18 años hace unas semanas, el 12 de junio, y se convirtió oficialmente en el hombre más pequeño del mundo.
Esto fue avalado por representantes del libro de récords Guinness quienes, tras medirlo, atestiguaron que Balawing mide 58 centímetros, 9 menos que el anterior poseedor del récord, Khagendra Thapa Magar, de Nepal, quien mide 67 centímetros.
Las fuentes se contradicen, ya que algunos medios mencionan que su estatura es de 58 cm, mientras que la página del libro Guinness dice que mide 59.93 cm, con lo que el hombre más pequeño de la historia no sería Balawing, sino Gul Mohammed (1957-1997) de la India, quien medía 57cm.
Esto fue avalado por representantes del libro de récords Guinness quienes, tras medirlo, atestiguaron que Balawing mide 58 centímetros, 9 menos que el anterior poseedor del récord, Khagendra Thapa Magar, de Nepal, quien mide 67 centímetros.
Las fuentes se contradicen, ya que algunos medios mencionan que su estatura es de 58 cm, mientras que la página del libro Guinness dice que mide 59.93 cm, con lo que el hombre más pequeño de la historia no sería Balawing, sino Gul Mohammed (1957-1997) de la India, quien medía 57cm.
RECAREDO,EL REY VISIGODO
A la muerte de Leovigildo en el año 586 subió al trono su hijo Recaredo, el primer monarca visigodo que dejó de lado la tradición arriana de su dinastía para abrazar el credo católico.
Recordado por su gesto de declarar el catolicismo como religión oficial de la monarquía visigoda, en el III concilio de Toledo de 589, Recaredo consagró todas sus energías a la tarea de restablecer la paz en el turbulento reino hispano. El rey Recaredo celebraba el triunfo del catolicismo en el reino visigodo. Convertido él mismo apenas dos años antes, con esa declaración ponía fin a la «herejía» arriana que los godos habían traído consigo a su llegada a España, a principios del siglo V. Es el acontecimiento por el que la figura de este soberano ha pasado a la historia de España. Pero la importancia de su reino va más allá de este hecho capital. La muerte de su hermano Hermenegildo en prisión, en 585, convirtió a Recaredo en heredero único del trono.
Su padre, Leovigildo, ocupado en la conquista del reino suevo, lo envió a la Septimania, región del sureste de Francia en torno a Narbona que formaba parte del reino visigodo. Allí debía hacer frente a la amenaza de Gontrán, rey de Burgundia (en torno a la actual Borgoña), cuyas tropas habían sitiado Nîmes y ocupado Carcasona gracias a la traición. Recaredo llegó a la región al mando de un contingente godo de auxilio y pasó al contraataque, derrotando ante las murallas de Carcasona a las fuerzas burgundias, que huyeron dejando tras de sí a cinco mil camaradas en el campo de batalla. No detuvo ahí su ofensiva, sino que tomó las fortalezas de Ugernum y Caput Arietis -en la frontera del Ródano- y asoló la región de Tolouse.
El príncipe había demostrado su valía militar ante los francos en una campaña que los cronistas hispanos calificaron de contundente victoria para las armas de Toledo. Al año siguiente, su padre falleció y Recaredo ocupó el trono, sin que las facciones nobiliarias que se disputaban el poder mostraran una oposición abierta.
Sin embargo, a buena parte de esa nobleza no le debió agradar demasiado la instauración de un principio de sucesión dinástica de padre a hijo, contraria al principio electivo por el que hasta entonces se había regido el Reino de Toledo. Del mismo modo, a los obispos arrianos tampoco debió de complacerles la conversión al catolicismo del nuevo rey, abjurando del tradicional arrianismo germánico. Fue así como enseguida se produjeron una serie de conspiraciones contra el nuevo rey, hasta cuatro consecutivas. En ellas intervinieron también católicos, lo que excluye que la religión fuera su única causa. Pese a este rigor, Recaredo se esforzó por atraerse a la nobleza, tanto goda como la hispanorromana, y al episcopado, arriano y católico. Pacificar el reino godo significaba resolver también el problema religioso. El rey se había convertido personalmente al catolicismo en 587, poco después de acceder al trono, bajo los auspicios de Leandro, arzobispo de Sevilla, y desde ese mismo instante se propuso lograr que el pueblo godo adoptara el catolicismo. Despejado así el camino, se celebró el III concilio de Toledo en 589.
El reino visigodo tomó a partir de entonces un nuevo rumbo marcado por la entente entre Iglesia y Estado. La propaganda política del régimen se encargó de presentar a Recaredo como un nuevo Constantino, el emperador que permitió el triunfo de la Iglesia católica en el Imperio a partir del edicto de Milán del año 313.
Recordado por su gesto de declarar el catolicismo como religión oficial de la monarquía visigoda, en el III concilio de Toledo de 589, Recaredo consagró todas sus energías a la tarea de restablecer la paz en el turbulento reino hispano. El rey Recaredo celebraba el triunfo del catolicismo en el reino visigodo. Convertido él mismo apenas dos años antes, con esa declaración ponía fin a la «herejía» arriana que los godos habían traído consigo a su llegada a España, a principios del siglo V. Es el acontecimiento por el que la figura de este soberano ha pasado a la historia de España. Pero la importancia de su reino va más allá de este hecho capital. La muerte de su hermano Hermenegildo en prisión, en 585, convirtió a Recaredo en heredero único del trono.
Su padre, Leovigildo, ocupado en la conquista del reino suevo, lo envió a la Septimania, región del sureste de Francia en torno a Narbona que formaba parte del reino visigodo. Allí debía hacer frente a la amenaza de Gontrán, rey de Burgundia (en torno a la actual Borgoña), cuyas tropas habían sitiado Nîmes y ocupado Carcasona gracias a la traición. Recaredo llegó a la región al mando de un contingente godo de auxilio y pasó al contraataque, derrotando ante las murallas de Carcasona a las fuerzas burgundias, que huyeron dejando tras de sí a cinco mil camaradas en el campo de batalla. No detuvo ahí su ofensiva, sino que tomó las fortalezas de Ugernum y Caput Arietis -en la frontera del Ródano- y asoló la región de Tolouse.
El príncipe había demostrado su valía militar ante los francos en una campaña que los cronistas hispanos calificaron de contundente victoria para las armas de Toledo. Al año siguiente, su padre falleció y Recaredo ocupó el trono, sin que las facciones nobiliarias que se disputaban el poder mostraran una oposición abierta.
Sin embargo, a buena parte de esa nobleza no le debió agradar demasiado la instauración de un principio de sucesión dinástica de padre a hijo, contraria al principio electivo por el que hasta entonces se había regido el Reino de Toledo. Del mismo modo, a los obispos arrianos tampoco debió de complacerles la conversión al catolicismo del nuevo rey, abjurando del tradicional arrianismo germánico. Fue así como enseguida se produjeron una serie de conspiraciones contra el nuevo rey, hasta cuatro consecutivas. En ellas intervinieron también católicos, lo que excluye que la religión fuera su única causa. Pese a este rigor, Recaredo se esforzó por atraerse a la nobleza, tanto goda como la hispanorromana, y al episcopado, arriano y católico. Pacificar el reino godo significaba resolver también el problema religioso. El rey se había convertido personalmente al catolicismo en 587, poco después de acceder al trono, bajo los auspicios de Leandro, arzobispo de Sevilla, y desde ese mismo instante se propuso lograr que el pueblo godo adoptara el catolicismo. Despejado así el camino, se celebró el III concilio de Toledo en 589.
El reino visigodo tomó a partir de entonces un nuevo rumbo marcado por la entente entre Iglesia y Estado. La propaganda política del régimen se encargó de presentar a Recaredo como un nuevo Constantino, el emperador que permitió el triunfo de la Iglesia católica en el Imperio a partir del edicto de Milán del año 313.
domingo, 5 de mayo de 2013
EL TERMOMETRO
Antiguamente, temperatura era sinónimo de temperamento. Desde el siglo XVI, un instrumento de medida puso ciencia en los conceptos caliente y frío, donde durante siglos apenas hubo poco más que elucubraciones.
Ande yo caliente y ríase la gente, recoge nuestro catálogo de dichos. Pocas expresiones reflejan mejor la importancia de la temperatura en nuestro bienestar. El grado de calor o frío del ambiente y del cuerpo humano fueron motivo de atención desde la antigüedad y motivaron más tarde la construcción de los termómetros. Hoy estamos habituados a manejar temperaturas y, por ejemplo, sabemos que el cordero hay que asarlo con el horno a unos 180 ºC, que al bañar al niño el agua debe estar a 36 ºC, que al ordenador le gusta estar entre 10 y 35 ºC, que tal o cual vino debe servirse a 14 ºC, o que para ahorrar energía no debemos poner la calefacción en invierno a más de 21 ºC ni en el verano el aire acondicionado a menos de 19 ºC. En casa hay unos cuantos termómetros además del clínico.
A finales del siglo XVI Galileo construyó un instrumento sensible a la variación de temperatura. Se trataba de un tubo de vidrio terminado en un bulbo grande; tras calentarlo, sumergía el tubo por su extremo abierto en agua, de modo que, al enfriarse, el nivel de aquella subía un poco. Así, la columna de agua variaba de longitud cuando el aire del interior del bulbo se calentaba o enfriaba. Ese primitivo termoscopio -no llevaba escala alguna, por lo que no era un termómetro propiamente dicho- presentaba el problema de que la altura del líquido dependía también de la presión atmosférica.
En 1611, el médico veneciano Santorre Santorio puso una escala a aquel instrumento, que marcaba la altura del líquido al colocar el bulbo en agua con hielo y después en la llama de una vela, y dividió el intervalo en partes iguales. Ese sería el primer termómetro, aunque la palabra no sería utilizada hasta 1624, cuando lo hizo el jesuita Jean Leurechon en su tratado Du thermomètre, ou instrument pour mesurer les degrez de chaleur ou de froidure, qui sont en l?air.
Los primeros termómetros basados en la dilatación de líquidos nacieron a mediados del siglo XVII. El gran Duque de Toscana, Fernando II de Medici, ideó por entonces uno consistente en un tubo con el extremo superior cerrado y el inferior terminado en un bulbo lleno de aguardiente coloreado. Ese líquido era más sensible que el agua a la dilatación, y tenía la ventaja de no congelarse tan fácilmente. Si el tubo era largo se enrollaba en forma de hélice, lo que confirió su aspecto característico a los llamados termómetros florentinos.
Por entonces, los físicos ya eran conscientes de la constancia de temperatura durante los cambios de estado del agua, algo que de hecho acabaría convirtiéndose en la base para establecer escalas de temperatura comunes a todos los termómetros.
Igualmente, se sabía que la temperatura del cuerpo humano se alteraba en las enfermedades. Ello animó a Newton a proponer en 1701 una escala donde el cero sería la congelación del agua y el 12 la temperatura del cuerpo de "un inglés sano".
En 1714, el físico Gabriel Fahrenheit reemplazó las mezclas alcohólicas del termómetro florentino por mercurio, lo que le permitía medir temperaturas superiores, y propuso reflejar con el cero la más baja que pudo conseguir en una mezcla de hielo, agua y sal. Así mismo, puso el grado 96 como referencia del calor del cuerpo humano, ya que era la temperatura que reflejaba cuando se colocaba en la boca o bajo el brazo. En esta escala, la temperatura de congelación del agua es 32 y la de ebullición 212. Por su parte, en 1742, Anders Celsius propuso el cero para la ebullición del agua y 100 para la congelación. El año siguiente Jean-Pierre Christin señaló la conveniencia de invertir esos puntos. La escala resultante, que se llamó centígrada tras la Revolución Francesa, es conocida como Celsius desde 1948 y es la más habitualmente usada por nosotros.
Ande yo caliente y ríase la gente, recoge nuestro catálogo de dichos. Pocas expresiones reflejan mejor la importancia de la temperatura en nuestro bienestar. El grado de calor o frío del ambiente y del cuerpo humano fueron motivo de atención desde la antigüedad y motivaron más tarde la construcción de los termómetros. Hoy estamos habituados a manejar temperaturas y, por ejemplo, sabemos que el cordero hay que asarlo con el horno a unos 180 ºC, que al bañar al niño el agua debe estar a 36 ºC, que al ordenador le gusta estar entre 10 y 35 ºC, que tal o cual vino debe servirse a 14 ºC, o que para ahorrar energía no debemos poner la calefacción en invierno a más de 21 ºC ni en el verano el aire acondicionado a menos de 19 ºC. En casa hay unos cuantos termómetros además del clínico.
A finales del siglo XVI Galileo construyó un instrumento sensible a la variación de temperatura. Se trataba de un tubo de vidrio terminado en un bulbo grande; tras calentarlo, sumergía el tubo por su extremo abierto en agua, de modo que, al enfriarse, el nivel de aquella subía un poco. Así, la columna de agua variaba de longitud cuando el aire del interior del bulbo se calentaba o enfriaba. Ese primitivo termoscopio -no llevaba escala alguna, por lo que no era un termómetro propiamente dicho- presentaba el problema de que la altura del líquido dependía también de la presión atmosférica.
En 1611, el médico veneciano Santorre Santorio puso una escala a aquel instrumento, que marcaba la altura del líquido al colocar el bulbo en agua con hielo y después en la llama de una vela, y dividió el intervalo en partes iguales. Ese sería el primer termómetro, aunque la palabra no sería utilizada hasta 1624, cuando lo hizo el jesuita Jean Leurechon en su tratado Du thermomètre, ou instrument pour mesurer les degrez de chaleur ou de froidure, qui sont en l?air.
Los primeros termómetros basados en la dilatación de líquidos nacieron a mediados del siglo XVII. El gran Duque de Toscana, Fernando II de Medici, ideó por entonces uno consistente en un tubo con el extremo superior cerrado y el inferior terminado en un bulbo lleno de aguardiente coloreado. Ese líquido era más sensible que el agua a la dilatación, y tenía la ventaja de no congelarse tan fácilmente. Si el tubo era largo se enrollaba en forma de hélice, lo que confirió su aspecto característico a los llamados termómetros florentinos.
Por entonces, los físicos ya eran conscientes de la constancia de temperatura durante los cambios de estado del agua, algo que de hecho acabaría convirtiéndose en la base para establecer escalas de temperatura comunes a todos los termómetros.
Igualmente, se sabía que la temperatura del cuerpo humano se alteraba en las enfermedades. Ello animó a Newton a proponer en 1701 una escala donde el cero sería la congelación del agua y el 12 la temperatura del cuerpo de "un inglés sano".
En 1714, el físico Gabriel Fahrenheit reemplazó las mezclas alcohólicas del termómetro florentino por mercurio, lo que le permitía medir temperaturas superiores, y propuso reflejar con el cero la más baja que pudo conseguir en una mezcla de hielo, agua y sal. Así mismo, puso el grado 96 como referencia del calor del cuerpo humano, ya que era la temperatura que reflejaba cuando se colocaba en la boca o bajo el brazo. En esta escala, la temperatura de congelación del agua es 32 y la de ebullición 212. Por su parte, en 1742, Anders Celsius propuso el cero para la ebullición del agua y 100 para la congelación. El año siguiente Jean-Pierre Christin señaló la conveniencia de invertir esos puntos. La escala resultante, que se llamó centígrada tras la Revolución Francesa, es conocida como Celsius desde 1948 y es la más habitualmente usada por nosotros.
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