Shoichi Yokoi era un joven sastre que a los 24 años fue alistado en la Armada imperial japonesa. Tras haber pasado un corto periodo de instrucción y haber servido inicialmente en la 29º división de infanteria, fue finalmente destinado al 38º regimiento, con acuartelamiento en Guam, una de las Islas Marianas.
En 1944, las fuerzas aliadas iniciaron el desembarco sobre dicha isla, dando inicio la batalla de Guam. Fue muy dura, siendo necesarios casi 30 días de lucha hasta que los estadounidenses asumieron el control de la isla.
De los 18.500 soldados japoneses que custodiaban la isla, unos 18.000 perecieron, y otros 485 fueron capturados como prisioneros de guerra.
Sin embargo, hubo un pequeño grupo de supervivientes que huyó y se refugió en la selva, dispuestos a resistir hasta el final. Shoichi estaba entre ellos.
Nuestro joven sastre se internó en la espesura de la selva con otros 10 soldados, tras haber presenciado cómo su regimiento fue aniquilado por las tropas norteamericanas. Durante los primeros meses vivieron juntos, e incluso se atrevieron a realizar pequeños actos de sabotaje e incursiones. En una de ellas, 3 infantes de marina norteamericanos fueron emboscados y asesinados.
Poco después, algunos soldados del grupo decidieron arriesgarse a salir de la selva, dejando únicamente como resistentes a Shoichi y a otros dos combatientes. Durante éste periodo, concretamente en 1952, encontraron unos panfletos escritos en japonés y que presumiblemente habían sido lanzados desde un avión, en los que se informaba del fin de la guerra. Shoichi y sus compañeros los ignoraron, creyendo que se trataba de propaganda aliada.
Con el paso de los años los alimentos comenzaron a escasear, y finalmente los tres supervivientes decicieron separarse. Cada uno se quedaría en una zona determinada de la selva, y se buscaría sus propios recursos. A pesar de la separación, Shoichi continuó visitando esporádicamente a sus compañeros, hasta que encontró sus cadáveres en 1964. A partir de entonces estuvo completamente sólo.
La supervivencia no fue sencilla, sobre todo cuando se quedó aislado y sin compañeros. Según contó a posteriori, su principal problema fue la obtención de alimentos. Su dieta estaba constituida fundamentalmente por mango, leche de coco y anguilas. También solía cazar, fundamentalmente de noche, y tenía la precaución de hervir siempre el agua que consumía.
Con el paso de los años, las ropas del uniforme de soldado que llevaba fueron deteriorándose progresivamente hasta hacerse completamente inservibles. Fue entonces cuando Shoichi utilizó sus antiguas habilidades de sastre para confeccionarse unas sorprendentes prendas hechas enteramente con fibras de corteza de árbol. Hizo un juego de 3 camisas y 3 pantalones, a los que incluso cosió bolsillos.
Pero no menos sorprendente fueron los refugios que se construyó. Uno de ellos era una cueva excavada por el propio Shoichi en una zona de bosques de bambú y muy inaccesible. Tardó un mes en excavarla, y durante todos los años que vivió allí estuvo permanentemente ampliándola. Se accedía a la misma por una pequeña trampilla de dos metros cuadrados, disimulada con cañas de bambú, que daba a su vez a una escalera que descendía unos 8 metros. En éste curioso “hogar”, Shoichi tenía incluso un agujero que conectaba directamente con un río cercano donde poder hacer sus necesidades, y una pequeña cocina con una olla, estantes y un fogón. Toda la instancia era iluminada por medio de unas lámparas de coco en las que quemaba aceites.
Finalmente, el intrépido superviviente fue encontrado el día 24 de enero de 1972 por unos cazadores locales, que lo vieron pescando en un río. Cuando Shoichi los vio salió corriendo, pero finalmente los cazadores consiguieron dar con él, y tras unas pocas y confusas palabras, éste accedió a mostrarles su refugio primero, y a acompañarlos a una prefectura de policía después. Inicialmente, se pensó que era un habitante autóctono de la zona, pero finalmente la sorprendente historia de éste soldado japonés salió a la luz. Había vivido durante 28 años en la selva pensando que su país continuaba en guerra, y de ellos los últimos 8 los había pasado en la más absoluta soledad.
Vistas de página en total
sábado, 4 de mayo de 2013
UMAMI,EL QUINTO SABOR.
La cocina es una búsqueda del tesoro constante y para quienes comienzan a inmiscuirse en ella les presentamos un producto que les cambiará la vida, el glutamato monosódico. Con éste podrán alcanzar el sabor umami, considerado el quinto sabor. El sabor umami se encuentra presente en una gran cantidad de alimentos y aún hoy se continúa estudiándolo.
Cuando nos referimos a los sabores el común general reconoce cuatro: ácido/agrio, salado, amargo y dulce. Decir que esos son los sabores existentes no está mal, pero se esta omitiendo uno muy importante y descubierto hace poco más de un siglo, el umami.
El umami es un sabor que se encuentra en gran cantidad de alimentos y fue descubierto a principios del siglo XX por el profesor Kikunae Ikeda de la Universidad Imperial de Todkio.
Realmente lo que descubrió Ikeda fue el glutamato, un aminoácido que forma parte de la estructura de las proteínas y otorga un sabor totalmente distinto a los tradicionales. El profesor dio en la cuenta de que este sabor era común a la carne, los espárragos, el queso y los tomates; y que en el caldo de kombu (tipo de alga utilizada en la gastronomía japonesa) se hacía presente sin dudas.
Se avocó pues a descubrir de donde provenía ese sabor y logró extraer cristales de ácido glutámico del caldo de kombu, descubriendo así que ese sabor tan particular y sabroso provenía de dicho aminoácido. Corría el año 1907 y el profesor Ikeda decidió que ese sabor único se llamaría umami, que en japonés significa sabroso.
Tras descubrir que el glutamato producía ese distinguido sabor, el profesor Ikeda decidió que era momento de preparar con el un sazonador. Esto llevaría a un nuevo estado de investigación que hasta el día de hoy continúa. Los primeros descubrimientos dieron que el glutamato monosódico se puede usar en una gran cantidad de platos para resaltar el sabor original de los alimentos, debido a que carece de olor y textura.
En la actualidad es un producto que se utiliza pero continúa siendo objeto de prejuicios para los más escépticos que no logran comprender su procedencia y función.
Es fundamental saber que su uso debe ser medido y no sirve de nada pasarse en cantidad, no es como el azúcar o la sal que si ponemos más de la cuenta el sabor del alimento es tapado por el de éstos. El glutamato no produce eso, es autoeliminante. Esto significa que cuando alcanzamos la cantidad necesaria para obtener el sabor umami, la adición de una cantidad mayor de glutamato no contribuye a realzar el sabor de los alimentos. Lograr alcanzar el sabor umami requiere mucha práctica, no es cuestión de comprar un paquete de glutamato monosódico y sazonar los alimentos con el sin ningún tipo de control. Hay que tener claro que los pescados, carnes, verduras y legumbres mejoran con la adición del glutamato, pero en los productos lácteos, cereales y postres acontece todo lo contrario. Para finalizar digamos que el glutamato monosódico es un receptor gustativo del sabor umami, el cual debe ser utilizado con sabiduría
Cuando nos referimos a los sabores el común general reconoce cuatro: ácido/agrio, salado, amargo y dulce. Decir que esos son los sabores existentes no está mal, pero se esta omitiendo uno muy importante y descubierto hace poco más de un siglo, el umami.
El umami es un sabor que se encuentra en gran cantidad de alimentos y fue descubierto a principios del siglo XX por el profesor Kikunae Ikeda de la Universidad Imperial de Todkio.
Realmente lo que descubrió Ikeda fue el glutamato, un aminoácido que forma parte de la estructura de las proteínas y otorga un sabor totalmente distinto a los tradicionales. El profesor dio en la cuenta de que este sabor era común a la carne, los espárragos, el queso y los tomates; y que en el caldo de kombu (tipo de alga utilizada en la gastronomía japonesa) se hacía presente sin dudas.
Se avocó pues a descubrir de donde provenía ese sabor y logró extraer cristales de ácido glutámico del caldo de kombu, descubriendo así que ese sabor tan particular y sabroso provenía de dicho aminoácido. Corría el año 1907 y el profesor Ikeda decidió que ese sabor único se llamaría umami, que en japonés significa sabroso.
Tras descubrir que el glutamato producía ese distinguido sabor, el profesor Ikeda decidió que era momento de preparar con el un sazonador. Esto llevaría a un nuevo estado de investigación que hasta el día de hoy continúa. Los primeros descubrimientos dieron que el glutamato monosódico se puede usar en una gran cantidad de platos para resaltar el sabor original de los alimentos, debido a que carece de olor y textura.
En la actualidad es un producto que se utiliza pero continúa siendo objeto de prejuicios para los más escépticos que no logran comprender su procedencia y función.
Es fundamental saber que su uso debe ser medido y no sirve de nada pasarse en cantidad, no es como el azúcar o la sal que si ponemos más de la cuenta el sabor del alimento es tapado por el de éstos. El glutamato no produce eso, es autoeliminante. Esto significa que cuando alcanzamos la cantidad necesaria para obtener el sabor umami, la adición de una cantidad mayor de glutamato no contribuye a realzar el sabor de los alimentos. Lograr alcanzar el sabor umami requiere mucha práctica, no es cuestión de comprar un paquete de glutamato monosódico y sazonar los alimentos con el sin ningún tipo de control. Hay que tener claro que los pescados, carnes, verduras y legumbres mejoran con la adición del glutamato, pero en los productos lácteos, cereales y postres acontece todo lo contrario. Para finalizar digamos que el glutamato monosódico es un receptor gustativo del sabor umami, el cual debe ser utilizado con sabiduría
ANGEL SANZ BRIZ,EL SILENCIO DEL DIPLOMATICO ESPAÑOL QUE SALVO 5000 JUDIOS.
En septiembre se cumpliran 103 años del nacimiento en Zaragoza del diplomático Ángel Sanz Briz, quien, tras una brillante carrera, murió en Roma en 1980, siendo embajador ante la Santa Sede. Su familia, originaria de Peraltilla, municipio pequeño en la provincia de Huesca, se instaló a finales del siglo XIX en la capital aragonesa, donde desarrolló una intensa y fructífera actividad comercial y turística.
Al evocar su figura vienen a la memoria las frases de Jan Karski sobre la sordera de Occidente ante las desesperadas llamadas de auxilio de los judíos en Varsovia, pese a que el autor de Mi testimonio ante el mundo, publicado en 1944, se hubiera entrevistado con Edén dos veces y una con Roosevelt, ambas en 1943, para explicarles lo que ocurría con los judíos en manos de los nazis.
A medida que el tiempo transcurre y se van conociendo más detalles de las operaciones de rescate de judíos por parte del Gobierno de Franco, se confirma la idea de que la labor de este Gobierno fue, sin duda, mucho más eficiente, positiva y humanitaria que la de la mayoría de otros países; es una página de nuestra historia que no conviene olvidar; reconocida hasta por los propios judíos. Pero dicho esto, conviene matizar que la figura de Ángel Sanz Briz destaca por su excepcionalidad, sin menospreciar ni mucho menos la gran labor de otros colegas. Y esto por varias razones.
Su labor como un joven diplomático en Budapest -tenía 32 años- estuvo presidida por un acto de su conciencia, pues no se encontraba obligado en forma alguna a tomar la iniciativa de refugiar a los judíos en sus casas de acogida de la legación española, poniendo dinero de su bolsillo. Y en cuanto a las instrucciones recibidas de Madrid, la mayoría de las veces fue el silencio o instrucciones ambiguas. Dada la situación que se vivía, es posible que el silencio de Madrid fuera consentidor de un dejar hacer pero no involucrándose directamente.
Esta situación está confirmada plenamente por un documento confidencial y secreto, muy poco conocido, elaborado el 15 de septiembre de 1961 por el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, con motivo de las indemnizaciones alemanas a Israel, circunstancia que aprovecharon los herederos de aquellos sefardíes salvados por España para dirigirse al Gobierno español para que gestionase ante el Gobierno alemán el pago a ellos de las mismas. Castiella reconoce expresamente: "La protección española a los judíos perseguidos no solo goza de las simpatías universales sino que ha sido apoyada por las grandes potencias. Durante la II Guerra Mundial, el Estado español, aun reconociendo que prestó eficaz ayuda a los sefardíes, pecó en algún caso de excesiva prudencia y es evidente que una acción más rápida y decidida hubiera salvado más vidas". Hasta aquí el texto de Castiella. Y, en efecto, esa ambigüedad detuvo probablemente a muchos diplomáticos para actuar. No así a Ángel Sanz Briz. Por eso, salvó a más de 5.000 judíos en Budapest.
En cualquier caso, el diplomático obró por su cuenta, a riesgo de consecuencias posteriores. Años más tarde apareció en Washington un documento, escrito por Sanz Briz en el año 1946, en el que deja claro que había actuado por cuenta propia. El diplomático guardó sobre este asunto un silencio sepulcral, que andando el tiempo comenzamos a entender.
El impacto causado entre los judíos salvados por la obra de este diplomático fue tan importante que se entrevistaron con él, siendo cónsul general en Nueva York en 1963, solicitando referencias sobre su actuación casi heroica en Budapest, de la que había un desconocimiento total en España, hasta el punto de que muchos judíos se dirigen también ese mismo año al Ministerio de Información y Turismo pidiendo información. El secretario general del mismo, Gabriel Cañadas, escribe al director general de Política Exterior, Ramón Sedó, en un documento casi desconocido: "Mis interlocutores judíos apuntaban siempre a la labor de Sanz Briz y piden permiso al director general para airear esta postura española por el bien de España en aquellos momentos; en tal situación es conveniente aprovecharla"
Así se puso de manifiesto en la entrevista que el periodista israelí Isaac Molho hizo a Sanz Briz en Nueva York, ese mismo año, recabándole información puntual sobre su actuación para escribir un libro.
El diplomático consulta a Madrid sobre la información que debe dar y las instrucciones recibidas son que los datos que tiene que transmitir deben hacer referencia a que su intervención fue por orden expresa y con conocimiento del Gobierno español, debiendo Sanz Briz eludir todo protagonismo. Y así fue el testimonio que el diplomático le dio al periodista israelí.
Un espeso silencio rodeó su actuación hasta que, desde hace un tiempo a esta parte, la figura de este diplomático va siendo conocida y admirada y, todavía hasta hoy, adquiere mayor grandeza tanto por su acción heroica como por ese silencio que fue utilizado políticamente como un activo del gobierno de aquel momento ante el exterior.
Al evocar su figura vienen a la memoria las frases de Jan Karski sobre la sordera de Occidente ante las desesperadas llamadas de auxilio de los judíos en Varsovia, pese a que el autor de Mi testimonio ante el mundo, publicado en 1944, se hubiera entrevistado con Edén dos veces y una con Roosevelt, ambas en 1943, para explicarles lo que ocurría con los judíos en manos de los nazis.
A medida que el tiempo transcurre y se van conociendo más detalles de las operaciones de rescate de judíos por parte del Gobierno de Franco, se confirma la idea de que la labor de este Gobierno fue, sin duda, mucho más eficiente, positiva y humanitaria que la de la mayoría de otros países; es una página de nuestra historia que no conviene olvidar; reconocida hasta por los propios judíos. Pero dicho esto, conviene matizar que la figura de Ángel Sanz Briz destaca por su excepcionalidad, sin menospreciar ni mucho menos la gran labor de otros colegas. Y esto por varias razones.
Su labor como un joven diplomático en Budapest -tenía 32 años- estuvo presidida por un acto de su conciencia, pues no se encontraba obligado en forma alguna a tomar la iniciativa de refugiar a los judíos en sus casas de acogida de la legación española, poniendo dinero de su bolsillo. Y en cuanto a las instrucciones recibidas de Madrid, la mayoría de las veces fue el silencio o instrucciones ambiguas. Dada la situación que se vivía, es posible que el silencio de Madrid fuera consentidor de un dejar hacer pero no involucrándose directamente.
Esta situación está confirmada plenamente por un documento confidencial y secreto, muy poco conocido, elaborado el 15 de septiembre de 1961 por el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, con motivo de las indemnizaciones alemanas a Israel, circunstancia que aprovecharon los herederos de aquellos sefardíes salvados por España para dirigirse al Gobierno español para que gestionase ante el Gobierno alemán el pago a ellos de las mismas. Castiella reconoce expresamente: "La protección española a los judíos perseguidos no solo goza de las simpatías universales sino que ha sido apoyada por las grandes potencias. Durante la II Guerra Mundial, el Estado español, aun reconociendo que prestó eficaz ayuda a los sefardíes, pecó en algún caso de excesiva prudencia y es evidente que una acción más rápida y decidida hubiera salvado más vidas". Hasta aquí el texto de Castiella. Y, en efecto, esa ambigüedad detuvo probablemente a muchos diplomáticos para actuar. No así a Ángel Sanz Briz. Por eso, salvó a más de 5.000 judíos en Budapest.
En cualquier caso, el diplomático obró por su cuenta, a riesgo de consecuencias posteriores. Años más tarde apareció en Washington un documento, escrito por Sanz Briz en el año 1946, en el que deja claro que había actuado por cuenta propia. El diplomático guardó sobre este asunto un silencio sepulcral, que andando el tiempo comenzamos a entender.
El impacto causado entre los judíos salvados por la obra de este diplomático fue tan importante que se entrevistaron con él, siendo cónsul general en Nueva York en 1963, solicitando referencias sobre su actuación casi heroica en Budapest, de la que había un desconocimiento total en España, hasta el punto de que muchos judíos se dirigen también ese mismo año al Ministerio de Información y Turismo pidiendo información. El secretario general del mismo, Gabriel Cañadas, escribe al director general de Política Exterior, Ramón Sedó, en un documento casi desconocido: "Mis interlocutores judíos apuntaban siempre a la labor de Sanz Briz y piden permiso al director general para airear esta postura española por el bien de España en aquellos momentos; en tal situación es conveniente aprovecharla"
Así se puso de manifiesto en la entrevista que el periodista israelí Isaac Molho hizo a Sanz Briz en Nueva York, ese mismo año, recabándole información puntual sobre su actuación para escribir un libro.
El diplomático consulta a Madrid sobre la información que debe dar y las instrucciones recibidas son que los datos que tiene que transmitir deben hacer referencia a que su intervención fue por orden expresa y con conocimiento del Gobierno español, debiendo Sanz Briz eludir todo protagonismo. Y así fue el testimonio que el diplomático le dio al periodista israelí.
Un espeso silencio rodeó su actuación hasta que, desde hace un tiempo a esta parte, la figura de este diplomático va siendo conocida y admirada y, todavía hasta hoy, adquiere mayor grandeza tanto por su acción heroica como por ese silencio que fue utilizado políticamente como un activo del gobierno de aquel momento ante el exterior.
EL NIÑO PINTOR DE MALAGA: 26 AÑOS DESAPARECIDO
David Guerrero desapareció en Málaga el 6 de abril de 1987. Su caso ha quedado grabado a fuego en el inconsciente colectivo y se encuentra entre los más desconcertantes dentro de las desapariciones de alta extrañez.
Eran cerca de la seis de la tarde. David, como cualquier otro día, acababa de regresar a su casa de la escuela junto a su hermano. Merendó, recogió las cosas de su habitación y se cambió de ropa. Era una fecha especial para él. Y es que uno de sus cuadros formaba parte de la exposición Recorriendo la Semana Santa, que se iba a inaugurar en la galería de arte La Maison, en la calle Parcent.
Decidió vestirse de forma elegante para la ocasión. Zamarra, jersey blanco, vaqueros y zapatos deportivos. Salió de su domicilio, situado en la calle Sargento García -en la barriada malagueña 25 años de paz- y se dispuso a cruzar los cien metros que separaban el portal de su vivienda de la marquesina en donde se paraba el autobús que le llevaría al centro de la ciudad. Entrada ya la noche, sus padres -José Guerrero y Antonia Guevara- comenzaron a preocuparse. No era normal que su hijo no hubiera regresado a casa.
Después de esperar veinticuatro horas, sus progenitores decidieron presentar la pertinente denuncia en comisaría. “Primero -detalló el padre del muchacho- fui a la galería, por si todavía no había acabado. Me asomé y como no estaba fui a buscarlo a la peña.Me extrañó que no hubiera acudido allí, por lo que volví a la sala”.
Los días pasaron sin tener noticias sobre David Guerrero. Mientras, la prensa comenzó a informar sobre el enigmático caso. “Extraña desaparición de un joven pintor malagueño”, rezaba el titular del rotativo Sur. “El joven David Guerrero, de trece años de edad, se encuentra en paradero desconocido desde la media tarde de anteayer, en que no apareció por la galería de arte La Maison, adonde tenía previsto acudir”.
El inexorable paso del tiempo aumentó el misterio, que se alimentó ante la total ausencia de pistas. La ciudad comenzó a sentirse conmocionada y sus gentes se unieron con un mismo fin: encontrar al “niño pintor”. Y es que hasta 10.000 personas se llegaron a manifestar por las calles de Málaga para reivindicar mayor dedicación y esfuerzo de las autoridades judiciales y fuerzas de seguridad, que finalmente llegaron a movilizar todos sus recursos. Cuerpos policiales, investigadores, sanitarios y militares trabajaron conjuntamente en las labores de búsqueda, durante las que se escrutaron decenas de parajes, aldeas y ciudades… Sin resultado.
Cualquier intento por descubrir donde se encontraba David Guerrero terminaba en un callejón sin salida. De acuerdo al comisario José María García Calabuig, “el gran problema con el que nos hemos topado es que nadie lo vio salir de su casa, lo que nos hace suponer, y recalco que es una hipótesis, que probablemente lo esperaban. Además, ese día se dieron unas circunstancias especiales ya que coincidió con la visita de S. M. la reina Sofía a Málaga y, puesto que esa zona correspondía a uno de los itinerarios trazados, había una rigurosa vigilancia, tanto de policías de paisano como de uniforme, lo que nos induce a descartar que fuera introducido a la fuerza en un vehículo”. Las investigaciones se prolongaron durante varios meses. Instituciones oficiales y ONGs se unieron en la búsqueda. Incluso, el entonces secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, llegó a mostrar su preocupación por la desaparición cuando viajó a Málaga y se reunió con la familia Guerrero Guevara.
“Lo que hace diferente a este caso es que no hay nada. Es una desaparición limpia. Sin testigos, como si se lo hubiese tragado la tierra o se hubiera disuelto en el aire. Muchas veces he llegado a pensar que si alguien quisiera hacer desaparecer a una persona tendría que utilizar el mismo método que lo acaecido alrededor del niño pintor. En el caso de David Guerrero no hay nada. Se han planteado mil hipótesis. Se ha buscado en todos los lados. Se ha investigado cualquier pista que nos ha llegado… Nadie puede desaparecer así”, señala José Luis Calvo, presidente de PRODENI, una de las agrupaciones que se afanó en la búsqueda del niño desaparecido.
Eran cerca de la seis de la tarde. David, como cualquier otro día, acababa de regresar a su casa de la escuela junto a su hermano. Merendó, recogió las cosas de su habitación y se cambió de ropa. Era una fecha especial para él. Y es que uno de sus cuadros formaba parte de la exposición Recorriendo la Semana Santa, que se iba a inaugurar en la galería de arte La Maison, en la calle Parcent.
Decidió vestirse de forma elegante para la ocasión. Zamarra, jersey blanco, vaqueros y zapatos deportivos. Salió de su domicilio, situado en la calle Sargento García -en la barriada malagueña 25 años de paz- y se dispuso a cruzar los cien metros que separaban el portal de su vivienda de la marquesina en donde se paraba el autobús que le llevaría al centro de la ciudad. Entrada ya la noche, sus padres -José Guerrero y Antonia Guevara- comenzaron a preocuparse. No era normal que su hijo no hubiera regresado a casa.
Después de esperar veinticuatro horas, sus progenitores decidieron presentar la pertinente denuncia en comisaría. “Primero -detalló el padre del muchacho- fui a la galería, por si todavía no había acabado. Me asomé y como no estaba fui a buscarlo a la peña.Me extrañó que no hubiera acudido allí, por lo que volví a la sala”.
Los días pasaron sin tener noticias sobre David Guerrero. Mientras, la prensa comenzó a informar sobre el enigmático caso. “Extraña desaparición de un joven pintor malagueño”, rezaba el titular del rotativo Sur. “El joven David Guerrero, de trece años de edad, se encuentra en paradero desconocido desde la media tarde de anteayer, en que no apareció por la galería de arte La Maison, adonde tenía previsto acudir”.
El inexorable paso del tiempo aumentó el misterio, que se alimentó ante la total ausencia de pistas. La ciudad comenzó a sentirse conmocionada y sus gentes se unieron con un mismo fin: encontrar al “niño pintor”. Y es que hasta 10.000 personas se llegaron a manifestar por las calles de Málaga para reivindicar mayor dedicación y esfuerzo de las autoridades judiciales y fuerzas de seguridad, que finalmente llegaron a movilizar todos sus recursos. Cuerpos policiales, investigadores, sanitarios y militares trabajaron conjuntamente en las labores de búsqueda, durante las que se escrutaron decenas de parajes, aldeas y ciudades… Sin resultado.
Cualquier intento por descubrir donde se encontraba David Guerrero terminaba en un callejón sin salida. De acuerdo al comisario José María García Calabuig, “el gran problema con el que nos hemos topado es que nadie lo vio salir de su casa, lo que nos hace suponer, y recalco que es una hipótesis, que probablemente lo esperaban. Además, ese día se dieron unas circunstancias especiales ya que coincidió con la visita de S. M. la reina Sofía a Málaga y, puesto que esa zona correspondía a uno de los itinerarios trazados, había una rigurosa vigilancia, tanto de policías de paisano como de uniforme, lo que nos induce a descartar que fuera introducido a la fuerza en un vehículo”. Las investigaciones se prolongaron durante varios meses. Instituciones oficiales y ONGs se unieron en la búsqueda. Incluso, el entonces secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, llegó a mostrar su preocupación por la desaparición cuando viajó a Málaga y se reunió con la familia Guerrero Guevara.
“Lo que hace diferente a este caso es que no hay nada. Es una desaparición limpia. Sin testigos, como si se lo hubiese tragado la tierra o se hubiera disuelto en el aire. Muchas veces he llegado a pensar que si alguien quisiera hacer desaparecer a una persona tendría que utilizar el mismo método que lo acaecido alrededor del niño pintor. En el caso de David Guerrero no hay nada. Se han planteado mil hipótesis. Se ha buscado en todos los lados. Se ha investigado cualquier pista que nos ha llegado… Nadie puede desaparecer así”, señala José Luis Calvo, presidente de PRODENI, una de las agrupaciones que se afanó en la búsqueda del niño desaparecido.
EL PERRO MAS GRANDE DEL MUNDO
Más de un metro mide Zeus, este bellísimo Gran Danés, son 1,118 m de perro... De ahí que, claro, haya entrado a formar parte del Guinness, arrebatándole la corona de súperperro a otro guapo can, George, que mide 'solamente' 1,092 m.
El can de solo tres años mide lo mismo que un asno.La mascota come al día una bolsa de 14 kilos de alimentos.
Ambos están en EEUU: Zeus, que tiene tres años, vive en Otsego, Michigan, con Denise Doorlag y su familia.
Prefiero no pensar lo que será tratar de organizar unas vacaciones con Zeus... Para empezar se han tenido que comprar una furgoneta porque, evidente, en un coche normal Zeus no entra.Previamente desde el Guiness nos habían presentado a otros canes curiosos, como Bruschi, el perro con los ojos más grandes del mundo... un personajazo.
Otro récord surrealista: mayor número de billetes retirados de una cartera por un perro en un minuto. Sí, existe y el que ostenta el título es un mestizo llamado Ben. Dedicarse a localizar cantidatos para el Guiness World Record debe estar entre los trabajos más variopintos del universo.
El can de solo tres años mide lo mismo que un asno.La mascota come al día una bolsa de 14 kilos de alimentos.
Ambos están en EEUU: Zeus, que tiene tres años, vive en Otsego, Michigan, con Denise Doorlag y su familia.
Prefiero no pensar lo que será tratar de organizar unas vacaciones con Zeus... Para empezar se han tenido que comprar una furgoneta porque, evidente, en un coche normal Zeus no entra.Previamente desde el Guiness nos habían presentado a otros canes curiosos, como Bruschi, el perro con los ojos más grandes del mundo... un personajazo.
Otro récord surrealista: mayor número de billetes retirados de una cartera por un perro en un minuto. Sí, existe y el que ostenta el título es un mestizo llamado Ben. Dedicarse a localizar cantidatos para el Guiness World Record debe estar entre los trabajos más variopintos del universo.
LAS MUJERES DE ENRIQUE VIII: ANA BOLENA
Se preparó para ser una de las reinas más recordadas de su país. Bella, inteligente, ambiciosa y con gran sentido de Estado, se mantuvo al lado de su rey en una de las decisiones más trascendentales en la historia de Reino Unido. Nacida en 1507 en Rochford Hall (condado de Essex).
Era hija de sir Thomas de Boleyn y lady Isabel Howard, futuros vizcondes de Rochford y condes de Wiltshire y Ormonde. La pequeña inició su formación intelectual en la previsión de casarse algún día con alguien vinculado a las posiciones más elevadas de los estamentos aristocráticos. Ana poseía notables facultades para algunas disciplinas y, en este sentido, cabe destacar su hábil manejo de las artes escénicas. Siendo apenas adolescente declamaba con virtuosismo, interpretaba con pasión a los personajes teatrales del momento y recitaba poesía con su voz modulada y encantadora.
Con 12 años de edad fue enviada a Francia, donde permaneció tres años instalada en la corte del rey Francisco I convirtiéndose, gracias a su belleza y dulzura, en una de las damas de compañía predilectas de la reina Claudia. Sin embargo, en 1521 fue llamada para ocupar su sitio natural en la corte del rey Enrique VIII de Inglaterra. Precisamente, en una reunión social donde actuó como actriz ante el soberano, se produjo uno de los flechazos más célebres de la Historia. Dicen que el orondo Enrique quedó subyugado ante el delicioso rostro de la doncella, no tardando en otorgar títulos y prebendas a la familia Boleyn en el intento de paralizar el inminente noviazgo de Ana con el guapo Henri Percy, rico heredero del condado de Northumberland.
Ella era el “glamour” personificado. Llamaba mucho la atención su esmerado vestuario, en el que siempre predominaban vestidos con mangas muy largas. Este detalle estético no sólo realzaba su estilizada figura, sino que además disimulaba los seis dedos que tenía en una de sus manos. Otro aspecto peculiar de la futura soberana era que poseía tres pechos, aunque éste extremo nunca se llegó a confirmar del todo.
La llegada de Ana Bolena a Londres fue espectacular. Los comentarios sobre su hermosura y refinada educación corrieron de boca en boca por las estancias palatinas. Pronto, el mismísimo monarca se fijó en ella para deleite de todos que veían en esa pareja la encarnación de las máximas aspiraciones británicas en clara contraposición al matrimonio del Tudor con la española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Por entonces, Enrique VIII y su primera esposa habían sido padres de una niña a la que llamaron María y que, en principio, a la espera de un varón, era la principal aspirante al trono inglés.
Ahora, con Ana a su lado, se podía pensar en un príncipe de sangre inglesa y en la continuidad del linaje monárquico. Por eso no es de extrañar que determinados círculos apostaran con tenacidad por el enlace del soberano con su nueva conquista. A esto hay que añadir la fuerte personalidad de la Bolena: una mujer ambiciosa que no se contentaba, como su hermana, en ser concubina real, sino que aspiraba a ocupar con todas las consecuencias el trono de la vieja Albion.
Enrique VIII, otrora convencido defensor de la fe católica, intentó repudiar a su primera esposa ante el papa Clemente VII con el frágil argumento de ser segundo plato, ya que Catalina era viuda de su hermano Arturo. Lo único cierto es que la española había sobrepasado con creces los 40 y ya era francamente difícil que pudiera dar un hijo varón al matrimonio. El pontífice, dominado por el emperador Carlos V –sobrino de Catalina de Aragón–, no quiso conceder el divorcio, asunto que asumió personalmente Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury. Con este gesto se desencadenaba un definitivo y terrible cisma religioso que desembocó en la proclamación del anglicanismo, una corriente crítica con el Vaticano liderada por el propio Enrique VIII quien, en enero de 1533, se casó en secreto con Ana Bolena, siendo ésta proclamada reina de Inglaterra en junio de ese mismo año.
Tres meses más tarde nacería, fruto de esta unión, Isabel, futura soberana de Inglaterra y última representante de la casa Tudor. Cuenta una leyenda popular que una bruja vaticinó a Ana Bolena que sería madre del gobernante más importante que tendría Inglaterra en su Historia y, razón desde luego no le faltó a la vidente, aunque se le pasó añadir que este mandatario sería femenino y no masculino, como anhelaba el rey.
Desde su boda, Ana dejó de ser un dechado de virtudes convirtiéndose en un ser irascible, provocador y caprichoso, asunto que terminó por desquiciar a su marido, siempre impaciente por conseguir a su heredero. Finalmente, tras el nacimiento de un varón que falleció a las pocas horas, la pareja acabó destruida.
El 2 de mayo de 1536, Ana, víctima de una conspiración, fue acusada de alta traición, incesto, adulterio y herejía. Todo ello seguramente infundado y promovido por la camarilla cercana al monarca, ya por entonces enamorado de quien sería su tercera esposa, Jane Seymour. El 19 de mayo se cumplió la pena capital. Ana Bolena, con gran porte, se dirigió al cadalso colocando su estilizado cuello en el tajo. Previamente, había recogido su melena en un postrero gesto de humor negro. Murió con dignidad mientras pensaba en el futuro de su hija Isabel. Aún hay quién afirma que el espectro de la hermosa reina deambula por las estancias de la Torre de Londres, donde fue ejecutada, pidiendo justicia al rey que tanto la amó.
Era hija de sir Thomas de Boleyn y lady Isabel Howard, futuros vizcondes de Rochford y condes de Wiltshire y Ormonde. La pequeña inició su formación intelectual en la previsión de casarse algún día con alguien vinculado a las posiciones más elevadas de los estamentos aristocráticos. Ana poseía notables facultades para algunas disciplinas y, en este sentido, cabe destacar su hábil manejo de las artes escénicas. Siendo apenas adolescente declamaba con virtuosismo, interpretaba con pasión a los personajes teatrales del momento y recitaba poesía con su voz modulada y encantadora.
Con 12 años de edad fue enviada a Francia, donde permaneció tres años instalada en la corte del rey Francisco I convirtiéndose, gracias a su belleza y dulzura, en una de las damas de compañía predilectas de la reina Claudia. Sin embargo, en 1521 fue llamada para ocupar su sitio natural en la corte del rey Enrique VIII de Inglaterra. Precisamente, en una reunión social donde actuó como actriz ante el soberano, se produjo uno de los flechazos más célebres de la Historia. Dicen que el orondo Enrique quedó subyugado ante el delicioso rostro de la doncella, no tardando en otorgar títulos y prebendas a la familia Boleyn en el intento de paralizar el inminente noviazgo de Ana con el guapo Henri Percy, rico heredero del condado de Northumberland.
Ella era el “glamour” personificado. Llamaba mucho la atención su esmerado vestuario, en el que siempre predominaban vestidos con mangas muy largas. Este detalle estético no sólo realzaba su estilizada figura, sino que además disimulaba los seis dedos que tenía en una de sus manos. Otro aspecto peculiar de la futura soberana era que poseía tres pechos, aunque éste extremo nunca se llegó a confirmar del todo.
La llegada de Ana Bolena a Londres fue espectacular. Los comentarios sobre su hermosura y refinada educación corrieron de boca en boca por las estancias palatinas. Pronto, el mismísimo monarca se fijó en ella para deleite de todos que veían en esa pareja la encarnación de las máximas aspiraciones británicas en clara contraposición al matrimonio del Tudor con la española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Por entonces, Enrique VIII y su primera esposa habían sido padres de una niña a la que llamaron María y que, en principio, a la espera de un varón, era la principal aspirante al trono inglés.
Ahora, con Ana a su lado, se podía pensar en un príncipe de sangre inglesa y en la continuidad del linaje monárquico. Por eso no es de extrañar que determinados círculos apostaran con tenacidad por el enlace del soberano con su nueva conquista. A esto hay que añadir la fuerte personalidad de la Bolena: una mujer ambiciosa que no se contentaba, como su hermana, en ser concubina real, sino que aspiraba a ocupar con todas las consecuencias el trono de la vieja Albion.
Enrique VIII, otrora convencido defensor de la fe católica, intentó repudiar a su primera esposa ante el papa Clemente VII con el frágil argumento de ser segundo plato, ya que Catalina era viuda de su hermano Arturo. Lo único cierto es que la española había sobrepasado con creces los 40 y ya era francamente difícil que pudiera dar un hijo varón al matrimonio. El pontífice, dominado por el emperador Carlos V –sobrino de Catalina de Aragón–, no quiso conceder el divorcio, asunto que asumió personalmente Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury. Con este gesto se desencadenaba un definitivo y terrible cisma religioso que desembocó en la proclamación del anglicanismo, una corriente crítica con el Vaticano liderada por el propio Enrique VIII quien, en enero de 1533, se casó en secreto con Ana Bolena, siendo ésta proclamada reina de Inglaterra en junio de ese mismo año.
Tres meses más tarde nacería, fruto de esta unión, Isabel, futura soberana de Inglaterra y última representante de la casa Tudor. Cuenta una leyenda popular que una bruja vaticinó a Ana Bolena que sería madre del gobernante más importante que tendría Inglaterra en su Historia y, razón desde luego no le faltó a la vidente, aunque se le pasó añadir que este mandatario sería femenino y no masculino, como anhelaba el rey.
Desde su boda, Ana dejó de ser un dechado de virtudes convirtiéndose en un ser irascible, provocador y caprichoso, asunto que terminó por desquiciar a su marido, siempre impaciente por conseguir a su heredero. Finalmente, tras el nacimiento de un varón que falleció a las pocas horas, la pareja acabó destruida.
El 2 de mayo de 1536, Ana, víctima de una conspiración, fue acusada de alta traición, incesto, adulterio y herejía. Todo ello seguramente infundado y promovido por la camarilla cercana al monarca, ya por entonces enamorado de quien sería su tercera esposa, Jane Seymour. El 19 de mayo se cumplió la pena capital. Ana Bolena, con gran porte, se dirigió al cadalso colocando su estilizado cuello en el tajo. Previamente, había recogido su melena en un postrero gesto de humor negro. Murió con dignidad mientras pensaba en el futuro de su hija Isabel. Aún hay quién afirma que el espectro de la hermosa reina deambula por las estancias de la Torre de Londres, donde fue ejecutada, pidiendo justicia al rey que tanto la amó.
viernes, 3 de mayo de 2013
MI GRANADA: EL DIA DE LA CRUZ
Cada 3 mayo, la ciudad de Granada y muchas localidades de la provincia se engalanan para celebrar el Día de la Cruz, una fiesta con el color, el olor, el sabor y la alegría dela primavera. Este año, en la capital, la fiesta comenzará a las doce de la mañana del día 3 finalizará a las dos de la madrugada del 5 de mayo
Asociaciones vecinales, cofradías e instituciones montan sus cruces de flores en las principales calles y plazas, y compiten para ganar el concurso que premia las instalaciones más bellas y originales.
La gente se echa a la calle, muchos vestidos con trajes de gitano o faralaes, para bailar sevillanas y danzas tradicionales granadinas y disfrutar de la gastronomía típica de este día, como las habas con bacalao, las ‘salaíllas’ y los embutidos.
La cruz, normalmente hecha de claveles, es el centro de una instalación que es todo un escaparate de la artesanía y la historia de Granada. Cerámicas, objetos de taracea, tejidos artísticos, cobres o piezas de madera tallada se ofrecen al visitante de la cruz como extraordinarios tesoros de la historia viva de Granada.
Entre todos esos elementos no debemos olvidar observar el famoso ‘pero’ (manzana) atravesado con unas grandes tijeras. Dice la tradición que tan singular y llamativo adorno aparece allí para cortar cualquier “pero” o defecto que se le pueda poner ala cruz. Una costumbre granadina más, como la de que los chiquillos pidan en este día el popular ‘chavico’ o donativo.
Las connotaciones religiosas y las paganas se confunden en el origen del Día de la Cruz, que se remonta a comienzos del siglo XVIII. Cuenta la tradición que la cruz encontrada por Santa Elena, y en la que supuestamente había muerto Cristo, con el paso del tiempo fue sufriendo sucesivas mutilaciones que originaron que numerosos restos de ella llegaran a multitud de rincones de todo el mundo.
A Granada en concretó llegó un pedazo de la supuesta cruz de Cristo hasta el albaicinero convento de Santa Isabel la Real. La leyenda toma aquí protagonismo, ya que se cuenta que el viernes de Cuaresma del año 1961 las monjas de este convento escucharon como salían voces de una pared.
Mandaron hacer un derribo y encontraron dentro del muro un pedazo de la cruz de Cristo. Desde entonces en el convento se siguió la costumbre de que una de las monjas de la comunidad se llamara Sor María de la Cruz.
La fiesta del Día de la Cruz tiene cierto protagonismo, en mayor o menor medida, en más de medio centenar de municipios de la provincia. Muchos de ellos organizan concursos de cruces, con premios en metálico para los ganadores. En una buena parte se sigue permitiendo la instalación de barras de bebida y comida junto a las cruces. En otras localidades continúa viva la tradición de salir al campo a comer los típicos hornazos (panes con huevos duros y chacinas en su interior).
Asociaciones vecinales, cofradías e instituciones montan sus cruces de flores en las principales calles y plazas, y compiten para ganar el concurso que premia las instalaciones más bellas y originales.
La gente se echa a la calle, muchos vestidos con trajes de gitano o faralaes, para bailar sevillanas y danzas tradicionales granadinas y disfrutar de la gastronomía típica de este día, como las habas con bacalao, las ‘salaíllas’ y los embutidos.
La cruz, normalmente hecha de claveles, es el centro de una instalación que es todo un escaparate de la artesanía y la historia de Granada. Cerámicas, objetos de taracea, tejidos artísticos, cobres o piezas de madera tallada se ofrecen al visitante de la cruz como extraordinarios tesoros de la historia viva de Granada.
Entre todos esos elementos no debemos olvidar observar el famoso ‘pero’ (manzana) atravesado con unas grandes tijeras. Dice la tradición que tan singular y llamativo adorno aparece allí para cortar cualquier “pero” o defecto que se le pueda poner ala cruz. Una costumbre granadina más, como la de que los chiquillos pidan en este día el popular ‘chavico’ o donativo.
Las connotaciones religiosas y las paganas se confunden en el origen del Día de la Cruz, que se remonta a comienzos del siglo XVIII. Cuenta la tradición que la cruz encontrada por Santa Elena, y en la que supuestamente había muerto Cristo, con el paso del tiempo fue sufriendo sucesivas mutilaciones que originaron que numerosos restos de ella llegaran a multitud de rincones de todo el mundo.
A Granada en concretó llegó un pedazo de la supuesta cruz de Cristo hasta el albaicinero convento de Santa Isabel la Real. La leyenda toma aquí protagonismo, ya que se cuenta que el viernes de Cuaresma del año 1961 las monjas de este convento escucharon como salían voces de una pared.
Mandaron hacer un derribo y encontraron dentro del muro un pedazo de la cruz de Cristo. Desde entonces en el convento se siguió la costumbre de que una de las monjas de la comunidad se llamara Sor María de la Cruz.
La fiesta del Día de la Cruz tiene cierto protagonismo, en mayor o menor medida, en más de medio centenar de municipios de la provincia. Muchos de ellos organizan concursos de cruces, con premios en metálico para los ganadores. En una buena parte se sigue permitiendo la instalación de barras de bebida y comida junto a las cruces. En otras localidades continúa viva la tradición de salir al campo a comer los típicos hornazos (panes con huevos duros y chacinas en su interior).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













.jpg)






