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miércoles, 21 de enero de 2015

LAS INCREIBLES TERRAZAS DE ARROZ DE FILIPINAS

En el norte de Filipinas, en la provincia de Ifugao, se encuentran las colosales terrazas de arroz, entre las que destacan las de Banaue, Batad y Bangaan. La mejor forma de llegar desde Manila es coger el bus nocturno, que nos dejará en aproximadamente 10 horas en la localidad de Banaue.
Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, estas terrazas fueron construidas hace dos mil años por la tribu indígena de los ifugao, en un entramado de manantiales que canalizan el agua de la selvas subtropicales,creando un sistema de riego perfecto. Aunque Banaue ha perdido atractivo debido a la construcción de edificios, constituye la entrada a este peculiar mundo de las terrazas de arroz de Filipinas. Muchos locales se ofrecen de guía a través de estos valles, una ayuda necesaria para no perderse en este laberítico ecosistema con multitud de rutas diferentes. La caminata hasta el mirador desde el que contemplar mejor este asombroso paisaje moldeado por los humanos dura cuatro horas, un largo paseo subiendo terrazas desde el pueblo de Banaue.
Las terrazas de arroz de Ifugao mantienen hoy en día su estructura primaria siguiendo el contorno de las montañas y formando de esta manera un paisaje impresionante.
Durante todo este tiempo, el cultivo del arroz y mantenimiento de las terrazas han ido pasando de generación en generación. En 1995 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (son un conjunto de 5 terrazas las denominadas de Ifugao aunque las más conocidas son Banaue y Batad). Sin embargo, el éxodo rural y las nuevas inquietudes de los jóvenes, que tratan de buscar un estilo de vida más urbano, hacen temer a sus habitantes si les preguntas sobre el futuro.
La carretera para llegar hasta allí se está contruyendo, así que uno ha de caminar casi dos horas para encontrarse con una de las más espectaculares terrazas de arroz del mundo. A pesar de estar relativamente aislado, esta es la meca y destino final para muchos mochileros.
El objetivo para aquellos que buscan tranquilidad y un poco de frescor en un país caluroso. Sin la presencia de vehículos y con la única electricidad de paneles solares, poco a poco el turismo ha ido arraigando en este recóndito paisaje y se pueden encontrar más de una docena de hostales. Afortunadamente, esto no ha alterado aún la tranquilidad de un pueblo donde el toque de queda es a las 8 de la tarde, momento en que la gente ya se prepara para dormir.
Levantarse al amanecer y contemplar desde la habitación el inmenso valle de arrozales rodeado de montañas es un placer al alcance de todos los bolsillos (4 euros la habitación). Desde Batad hay muchas rutas que atraviesan los bosques tropicales y las terrazas de arroz.
Además, a poca distancia se encuentran las impresionantes cataratas de Tappiyah, así como su hermosa piscina natural en medio de la jungla. Otro interesante trekking desde Batad consiste en recorrer los cinco kilómetros que hay hasta la todavía más apartada y tranquila Cambulo, una localidad menos conocida que dispone apenas de un par de albergues.
Estas terrazas están hoy en día en peligro. A menudo son dañadas por terremotos y tifones, por lo que necesitan de un mantenimiento muy cuidadoso. Por otro lado, su tierra no resulta tan fértil como la de las llanuras, que requieren menos trabajo y son más productivas. Además, muchos miembros de las nuevas generaciones de aborígenes ifugaos prefieren vivir una vida más moderna y placentera, dejando el duro trabajo de la agricultura en las montañas por el sector hostelero.

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