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sábado, 4 de mayo de 2013

LA CABEZA DE PANCHO VILLA

La astucia y audacia de un depredador junto con la inteligencia de un superdotado se encontraban juntas en una sola cabeza: la del Centauro del Norte, Pancho Villa. Como un trofeo a una extenuante cacería, los asesinos de Villa robaron su cabeza, de la que nunca se supo su destino final.
La mañana del 20 de julio de 1923 Doroteo Arango, alias Francisco Villa, murió víctima de una emboscada en la ciudad de Hidalgo del Parral, Chihuahua, y a partir de ese día nació a la vida legendaria, mitad realidad y mitad fantasía; escritores de novelas, cuentos y guiones de cine han trabajado sobre él. 
El cuerpo de Pancho Villa ni muerto tuvo descanso, a Villa se le idolatraba o se le temía aún muerto; así que su tumba fue profanada en la madrugada de un 6 de febrero de 1926 en el Panteón Municipal de Parral, Chihuahua.
Cuando amanecía en Parral, el encargado del camposanto descubrió que la tumba 632 de la 9ª. sección había sido violada, y que en la profanación de la tumba no habían sacado la caja mortuoria, sino sólo escarbado y roto la tapa a la altura de la cabeza.
Una revisión del féretro mostró que la tumba profanada no tenía como objetivo robar el cuerpo de Villa, sino sólo la cabeza que habían cortado del tronco.
En Parral los ecos de la lucha armada revolucionaria ya se habían ido apagando por lo que la profanación de la tumba de Villa y la decapitación de su cuerpo volvieron a poner en tensión a toda la nación y Parral volvió a ser el centro de las noticias en los principales diarios nacionales; las investigaciones se iniciaron y sólo años después se sabe parte de la historia de esta profanación.
Cuatro años después del asesinato de Villa, el coronel Francisco Durazo, Jefe de la Guarnición de Parral, del 11º. Batallón de Infantería, dijo que por órdenes de Álvaro Obregón el cadáver de Villa debería ser decapitado y una noche envió una patrulla; los soldados, venciendo su miedo con una botella de alcohol, saltaron la barda del cementerio, cavaron la sepultura y con un cuchillo separaron la cabeza y la envolvieron en una camisa.
El coronel Durazo la guardó en una caja de madera que servía para almacenar municiones y la ocultó bajo su cama; nuevamente el General Villa fue noticia de ocho columnas en los periódicos del país y de EU. A falta de información fidedigna se desbocó la imaginería popular en cuentos y rumores fantásticos e inverosímiles como el de que un gringo ex combatiente villista y guía del general Pershing, en la expedición punitiva había merodeado la sepultura y la había extraído, pero lo dejaron libre porque no pudieron comprobar que fuese el profanador de la tumba.
También se dijo que un millonario estrafalario la había comprado para su colección particular; que un circo gringo la llevaba en exhibición por todas las ferias de la Unión Americana; que unos científicos de Chicago la tenían para estudiar su cerebro; que se la había llevado el piloto de un aeroplano que hacía vuelos regulares entre una hacienda minera y un pueblo gringo; que el coronel Durazo había actuado por cuenta propia para recibir una recompensa de 50 mil dólares que ofrecía el Chief officer de Columbus, pero que había traducido mal el cartelón que estaba fechado en 1916; que no fue Obregón sino el general Arnulfo R. Gómez quien ordenó la decapitación para cobrar una oferta de 50 mil pesos que le hizo un gestor misterioso.
La versión más realista parece ser la recogida por los descendientes de los testigos de la revuelta revolucionaria, que cuenta que los soldados la enterraron en un promontorio cubierto de cactus llamado El Huérfano, y que se erige a medio camino entre Parral y Jiménez. El fin con que la desprendieron, la escondieron y la volvieron a enterrar nadie lo sabe, como tampoco se sabe donde terminó la cabeza perdida de Pancho Villa.
Lo que sí es una realidad innegable es que las ideas sociales, políticas, económicas y culturales que contenía la cabeza el General Francisco Villa se fueron cumpliendo a lo largo del tiempo, aunque no a la velocidad y la extensión que México requería; Villa aspiraba a la educación, el trabajo, la libertad, el patriotismo, que a él le negó la dictadura porfirista y que en parte, en el Siglo XX se lograron, logros que son cada vez más imposibles de decapitar.

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