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martes, 19 de marzo de 2013

LOS VISIGODOS.PARTE II: SOCIEDAD Y RELIGION

En un principio la sociedad goda se constituía en clanes. Cada clan godo tenía un líder, pero las decisiones trascendentes las tomaba una Asamblea de hombres libres, que, en caso de decisiones importantes o de peligro para la población, nombraba un líder general, que se responsabilizaba de los clanes.
En la época en que migran desde la zona del Báltico hacia el sur de Europa (s. II), la familia de los Balthos, a la que pertenece Alarico, el primer rey, aparece como la estirpe más ilustre.
Gracias a la expansión y al contacto con el mundo romano, esta situación cambió: dejan de ser seminómadas para asentarse en los terrenos conquistados y vivir de la agricultura y de la ganadería, en menos medida, formándose grupos especializados. Encontramos dos clases sociales: la antigua de los guerreros y la de nueva creación de los campesinos. Nacerá también una aristocracia que acumulará las riquezas que se atesoran del comercio y de los beneficios de la agricultura.
Dentro de la clase noble encontramos diferentes consideraciones: en el lugar más elevado se encuentra la estirpe real. Por debajo de esta existió una aristocracia de sangre, cuyos miembros fueron llamados “seniores gothorum” o “seniores totius gentis” . Se agrupaban en torno a ellos clientelas y séquitos militares, ligados a sus señores por especiales vínculos de fidelidad y de servicio.
Al desaparecer el reino de Tolosa, la Península Ibérica se convierte en el nuevo reino visigodo. Aquí la sociedad fue desigual y estratificada. La nobleza gótica constituyó un estamento social dirigente, con un fuerte componente militar. En Iberia los señores visigodos siguieron llevando los mismos títulos que en el período tolosano. Varias inscripciones permiten reconocer la presencia de magnates godos en las tierras romanizadas del mediodía de la península.
Se configura un nuevo estamento dirigente, como resultado de la concurrencia de un conjunto de factores sociales, políticos y religiosos. Los obispos formaron parte de ese núcleo superior de la sociedad hispano-goda. Entre los magnates del reino toledano, los duques constituían el más alto grado de la jerarquía aristocrática. Es probable que los condes fuesen a veces personajes con fuerte arraigo en la comarca.
Individuos de estirpe hispano-romana se incorporaron al estamento dirigente por la vía del desempeño de altos cargos de la nueva administración. Los funcionarios de la administración no debían tomar nada de sus administrados para su propio beneficio. Las concesiones de tierras por los reyes a los fieles y altos funcionarios pudieron ser en pleno dominio o a título de beneficio. Es probable que en ocasiones no se distinguiera con claridad entre las dos modalidades. Junto a los aristócratas laicos, los obispos figuraron en el estamento dirigente del reino visigodo católico.
Se consideró que la aristocracia de sangre habría desaparecido de resultas de las represiones que se dieron reiteradamente durante este periodo. En la primera mitad del siglo VII todavía quedaban algunas familias de potentes godos y muchas más de aristócratas hispano-romanos al margen del “palatium” . El IV Concilio de Toledo (633) encomendaba la elección real a los “seniores totius gentis” y a los obispos. La depuración de la nobleza llevada a cabo por Chindasvinto fue la más dura y la que mayor número de víctimas produjo.
Otro estrato social es la población libre, distinguiendo entre la población libre urbana y la población libre rural. Entre la población servil encontramos a los “viliores” , que trabajaban las tierras de los señores y vivían alejados de sus amos, y los siervos del rey, quienes gozaron de una condición privilegiada. Dirigían los servicios domésticos de la corte.
Por último encontramos a los libertos. La manumisión es el acto jurídico por el cual un amo daba la libertad a su siervo. Esta condición era inferior a la de aquel que era libre de nacimiento.
Con respecto a la religion,cuando los visigodos entraron en la Península Ibérica, esta era parte del Imperio Romano, por lo que la religión oficial era el Cristianismo católico. Aún así, se daban supervivencias paganas, intensas en las regiones poco romanizadas. En toda la Península afloraban supersticiones y residuos idolátricos provenientes de viejas tradiciones de estirpe romana o indígena. Además, encontramos una importante minoría judía, la cual sería un importante problema religioso y político en el siglo VII.
En las tierras del noroeste, el priscilianismo había conseguido un profundo arraigo. Con las invasiones bárbaras, este movimiento priscilianista sobrevive. Es una doctrina que se basa en los ideales de austeridad y pobreza, que en el Concilio de Braga (563) será considerada herejía.
Los visigodos eran arrianos, creencia cristiana que negaba la divinidad del Hijo, según la cual, su divinidad dependía del Padre, siendo el carácter de Dios absoluto, pues sólo el Padre es eterno. En el siglo III Arrio empezó a predicar que Jesucristo no era el verdadero hijo de Dios. Sus creencias se extendieron con rapidez por Oriente, por lo que el emperador Constantino convocó el Concilio Ecuménico de Nicea (325), en el que se excomulgó a Arrio y se estableció el Credo de la fe católica. Constancio, hijo de Constantino, favoreció el arrianismo, con lo que se extendió por Occidente a medida que iban avanzando las tropas godas. Será en el 381, en el Concilio de Constantinopla, cuando se de fin a esta herejía.
Recaredo unifica a los hispano-visigodos religiosamente en torno al catolicismo en el 589, tras la celebración del III Concilio de Toledo.

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