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martes, 19 de marzo de 2013

LOS PEORES PAPAS DE LA HISTORIA: EL DEPRAVADO JUAN XII

Alberico, a la sazón soberano de Roma, entre los años 936 al 954, nombró a su gusto cuatro papas afectos a su causa.
Al fin de sus días, Alberico, tuvo la idea de unir en su hijo Octaviano los cargos de príncipe de Roma y papa. A este Octaviano, su padre Alberico, una vez convocados los nobles romanos en san Pedro, les pidió que juraran que cuando él muriera, elegirían príncipe a su hijo, y que cuando el actual papa muriera, le nombrarían además papa.
Un año más tarde AGAPITO II (946-955) falleció, y los nobles romanos cumplieron su promesa erigiendo a Octaviano, Príncipe de Roma y Papa al mismo tiempo. De esta manera las dos coronas estaban unidas en una misma cabeza.
Octaviano abandonó su nombre para convertirse en JUAN XII (955-963), siendo proclamado papa ¡a los diecisiete años! Este papa Juan XII (todo está documentado), se dedicó concienzudamente al saqueo de Roma. Como ya apuntamos, esa ciudad estaba dominada por unas cuantas familias patricias que se disputaban los ingresos que producían los peregrinos. El papa se aliaba con algunas de esas familias en contra de otras, y con buena parte de los ingresos que recogía de los Estados Pontificios, los dedicaba a mantener su ejército personal.
Este papa pervertido estaba obsesionado con el sexo ilícito, incluso más que con el poder. Tuvo muchas concubinas, pero no tenía suficiente. ¡No había seguridad para ninguna mujer que entrara en la Sede romana! Pagaba a esas mujeres por sus servicios sexuales, no con oro solamente, sino con tierras.
El obispo Liudprando de Cremona, cronista de aquella época, cuenta que el papa “estaba tan ciegamente enamorado de una señora que la hizo gobernadora de varias ciudades, e incluso le regaló las cruces de oro y los cálices del mismo San Pedro”.
Chamberlin, católico romano, escribió de él:
“En sus relaciones con la Iglesia, parece que Juan se sintió impulsado a adoptar una actitud de sacrilegio deliberado, que iba mucho más allá del disfrute casual de los placeres sensuales. Era como si los factores más oscuros de su naturaleza le empujaran a saborear los excesos más extremos del poder, convirtiéndose en una especie de Calígula cristiano cuyos crímenes resultaban particularmente horrendos por el cargo que ocupaba. Posteriormente se esgrimiría contra él la acusación de que había convertido el palacio Laterano en un burdel; de que él y sus bandas violaban a las peregrinas en la misma basílica de San Pedro...”
Sus correrías políticas son conocidas por todos. Cómo coronó a Otto I de Sajonia como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico el dos de febrero del 962, y porque Otto le reprendió por su vida disoluta, el papa, por venganza, ofreció de nuevo la corona imperial a Berengario de Ivrea, bandido avaricioso y violento.
Este, al poco, viendo que no podría contra las huestes de Otto desistió de aceptar su nombramiento. Juan XII, entonces, asustado por la posible represalia de Otto, recurrió a todo aquel que pudo, hasta acudió a los sarracenos a través de Adalberto, hijo de Berengario, que tenía hecha alianza con los musulmanes.
El papa “cristiano” estuvo así cercano a provocar un nuevo dominio musulmán sobre la península italiana. Como no encontró eco su llamamiento por parte de Adalberto, lo volvió a intentar hasta con los hunos, enemigos de la cristiandad y hasta con los bizantinos, enemigos de sus propias prerrogativas como “Sumo Pontífice”.
Cuando Otto, después de haber sido tremendamente paciente con el papa, volvió con su ejército, Juan XII huyó de Roma a Tívoli con todos los tesoros de la Iglesia que pudo llevarse. El emperador abrió un sínodo con la intención de juzgar al papa, a pesar de que según las “falsificaciones simaquianas”, nadie en la tierra podía juzgar al papa.
El obispo Liudprando presidió en el nombre del emperador y tomó nota de los procedimientos. Otto, previamente, pidió a los presentes (allí había más de un centenar de arzobispos, obispos etc.) que formularan acusaciones. Diferentes testimonios acusatorios se levantaron bajo juramento; entre otros, Benedicto, cardenal diácono, y sus compañeros diáconos y sacerdotes, dijeron que el papa había recibido dinero por ordenar obispos.
En cuanto a sacrilegios, dijeron que ni siquiera era preciso ordenar una investigación porque sólo era cuestión de abrir un poco los ojos. En cuanto a acusaciones de adulterio, el papa había copulado con la viuda de Rainiero; con Estefanía, la concubina de su padre; con la viuda Ana, y con su propia sobrina.
Los testigos fueron llamados y los crímenes del papa se pusieron sobre el tapete, entre otros:
“Fornicación con numerosas mujeres nombradas allí, dejar ciego a Benedicto, su padre espiritual, asesinato de un cardenal subdiácono llamado Juan, beber a la salud de Satanás en el altar de san Pedro”.
El sínodo convocó al papa para que se defendiera (el no quiso estar allí presente). El papa envió una carta a los obispos amenazándoles con la excomunión. Otto y el sínodo respondieron que si no se presentaba en Roma, el excomulgado sería él. Juan XII no hizo caso, y mientras estaba de cacería, el sínodo nombró un nuevo papa, a LEÓN VIII (963-965), que al ser laico, en un día recibió todas las órdenes.
Juan regresó a Roma, una vez el emperador Otto se había ido por otros motivos, y convocó entonces su particular sínodo en febrero del 964, al cual acudieron unos treinta personajes, casi todos romanos.
Cabe decir aquí que la inmensa mayoría de los obispos europeos estaban del lado del emperador, es decir, en contra del corrupto ex-papa Juan. ¡Lo increíble aquí es que ese amañado mini-concilio del ex papa romano, ha sido considerado depositario de toda legalidad por la Iglesia de Roma!; por esa razón, León VIII es considerado un antipapa, aunque no está muy segura, en unas líneas veremos por qué. ¡Roma no ha podido permitirse la ligereza de dar la razón a un emperador honesto antes que a un papa asesino, corrupto y perdido como Juan XII, el cual, como no podía ser de otra manera, consta como papa en el “Liber Pontificalis”, y como todos ellos, él también es “Su Santidad, Santo Padre, Vicario de Cristo”! Pero hay más...
Una vez el ex-papa venció en su amañado sínodo, se vengó cruelmente de sus acusadores.
Al cardenal Juan le hizo cortar la nariz, la lengua y dos dedos; otro fue azotado; a un tercero le cortaron la mano. Depuso y excomulgó a León VIII, y Roma volvió a la situación anterior a la llegada del emperador.
Otto, a la sazón luchando contra Adalberto, hijo de aquel Berengario de Ivrea, una vez habiéndole derrotado definitivamente, volvió hacia Roma, pero antes de que pudiera llegar para hacer justicia, le llegó la noticia de que Juan XII había muerto, y no precisamente de muerte natural.
El de nuevo papa Juan XII, murió asesinado por un marido que le encontró en la cama con su esposa... Lo que uno siembra, eso recoge.

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